martes, 8 de octubre de 2019

A bordo del sueño de Piedra

A BORDO DEL SUEÑO DE PIEDRA

A bordo del Sueño de Piedra, no había nada que pudiera parlarle. Lynnel se recogió el largo pelo en lo alto de la cabeza, con un moño desenfrenado, para evitar que le siguiera molestando. Ni por todo el oro de Marabilia hubiera priorizado el lucir su melena a su comodidad. 

Con el timón entre las manos, el joven muchacho estaba perdido en sus pensamientos. El sol estaba a la altura de sus ojos, como si quisiera marcarle a Lynnel cuál era el rumbo que debía tomar. Él, sin embargo, giraba con tranquilidad el gobernalle, orientando la nave hacia la dirección correcta. Después de tantos años ejerciendo como mercader, conocía al mar como si fuera la palma de su mano, y prescindía de mapas, brújulas o astrolabios. 

Al notar unas manos abrazarle la cintura, se sobresaltó. No estaba acostumbrado a las muestras de afecto. Al fin y al cabo, estaba largos meses donde tan solo sabía de su amada a través de cartas, qué, en ocasiones, ni siquiera llegaban. 

Cuando Arthmaella estaba empezando a deslizar sutilmente su mano hacia la costura de sus calzas y sus labios asomaban por la curva de su cuello, el joven tuvo que sacar su parte más racional y entrelazar sus dedos con los de la muchacha. Se giró, permitiéndose darle la espalda al timón por primera vez en mucho tiempo.

- Cariño, por favor. – la miró, suplicante. Las consecuencias de sus actos estaban empezando a ser más que notables, y Lynnel no podía distraerse. Por algo era el capitán. 


- Puedes llamar a Aldrica, estará encantada de substituirte… 

- Arth…

- Está bien, está bien – la joven suspiró, consciente de que no iba a conseguir nada.

Besó suavemente la mejilla del chico y se sentó en la toldilla del Sueño de Piedra. De esa manera, la reina podía dejar a Lynnel trabajar, pero sin dejar de mirarle. Amaba como se le tensaba la zona de la mandíbula cuando se concentraba. El joven iba a advertirle sobre el peligro de que se sentara en esa zona, pero recordó que Arthmaella daba clases de esgrima en el palacio, y que su equilibrio era perfecto. 


- ¿Cuánto queda? – preguntó la muchacha, cansada del vaivén que le provocaba alguna que otra arcada.


- Qué pasa, ¿el mar no es adecuado para vos, princesa? ¿Está el ambiente demasiado húmedo para su gusto? – el joven se rio de ella de forma cariñosa. La reina le hizo una mueca, fingiendo enfadarse ante tal ofensa, no sin antes susurrar que tipo de humedades eran agradables para ella. 


- Si mi prometido condujera un poco más deprisa… - Lynnel enrojeció hasta la raíz, como cada vez que la muchacha empleaba aquel apodo. 


- Arth, cualquiera de la tripulación podría oírte…  

El mercader sabía que aquello no era cierto. Cuando el sol se ponía, todos sus tripulantes iban a los camarotes para intentar descansar. La jornada empezaba cuando amanecía, pero cualquier noche podía haber un mar rebelde que tratara de engullirles. Y Lynnel no iba a permitir que nadie destruyera a su Sueño…


- La embarcación está desierta. Y dentro de poco, será un secreto a voces: cuando anuncie delante de todo el reino que Arthmaella, la valiente, se casará con Lynnel, el mejor mercader de toda Marabilia. 


La reina se acercó al mercader y le dio un beso casto, cargado de emoción. Se agachó levemente para juntar ambas frentes, como si quisiera sellar la promesa. Al separarse, le tomó la mano, colocándose a su lado. 

Lynnel sabía que aquel momento llegaría algún día, pero todavía faltaban muchos años para que se tornara una realidad. Ambos eran conscientes de que el mercader necesitaba explorar más tierras, conocer nuevos productos y vivir mil aventuras antes de mudarse al palacio. Aun así, aquel mes que vivían alejados de la realidad, cuando Arthmaella dejaba atrás su titulo nobiliario y eran tan solo ellos, los dos jóvenes que se encontraron huyendo de su pasado, les daba la fuerza que necesitaban para seguir amándose a pesar de la distancia.  

- ¿Crees que Haz nos echará de menos? – preguntó Lynnel. La reina no pudo evitar entrañarse. Sabía que para el mercader aquella muchacha era muy especial, la consideraba una hermana pequeña. Y ella también, aunque intentara disimularlo. 


- Claro que sí, la renacuaja no habrá dejado de pensar en nosotros ni un solo día. Por mucha magia que esté aprendiendo ahora, nada le resultará tan interesante como verme matar a una mantícora… – afirmó Arthmaella, con un tono de soberbia. El joven mercader sacudió la cabeza, consciente de la mentira que ocultaban aquellas palabras, agradeciendo que la reina intentara hacerla reír. 


-No sé, después de tanto tiempo… seguro que está conociendo a personas maravillosas en la torre de Idyll.

- Pero Lynnel, si en cada carta que nos escribe, nos recuerda que nos echa mucho de menos…

El mercader asintió, consciente de que la reina tenía razón. Soltó el timón unos instantes para estrecharla entre sus brazos y depositar un suave beso en su frente, permitiéndose relajarse. Al separarse, ambos sonreían. 

Arthmaella se dio la vuelta, dispuesta a recuperar su lugar en la toldilla de nuevo. Pero, estaba tan embaucada observando a Lynnel y la sonrisa de este, que, al dar el salto para sentarse sobre la bandarilla, calculó mal y…


- ¡ARTHMAELLA! 

El mercader corrió a la borda, asomándose a tiempo para ver a su prometida hundirse en el mar, salpicando a su alrededor. Lynnel sintió que su corazón había dejado de latir hasta que vio la cabeza de la joven aparecer de nuevo, con los cortos rizos pegándosele a la frente y la sonrisa enmarcándole el rostro. Imbécil, es más que imbécil, pensó el joven.


Lynnel corrió hasta la proa, y empezó a girar con velocidad la manivela que utilizaban para levar y echar el ancla. Poco a poco, el engranaje empezó a dar de si. Por suerte, el capitán había podido permitirse un sistema complejo, que aligeraba el peso del ancla, de forma que él solo podía maniobrarla. Cuando calculó que esta debía estar a punto de rozar el agua, paró. 

Se acercó de nuevo a la borda, intentado calmarse, y vio que la reina ya se había agarrado al ancla con sus brazos musculosos. Caminó de nuevo hacia el engranaje, y sacó una fuerza sobrehumana para levar el áncora con rapidez. Cuando estuvo cerca de la cubierta, Arthmaella se agarró a la toldilla traicionera e hizo fuerza con los brazos para subir.

En el instante en que sus pies tocaron el suelo, un furioso Lynnel se abalanzó sobre ella, dispuesto a insultarla en todos los idiomas habidos y por haber, debido a su falta de cautela. En sus ojos marrones revoloteaba la preocupación. 
- ¡Como me vuelvas a hacer esto, princesa, tú y yo vamos a…! – la reina le tomó el rostro con las manos, besándole con suavidad para callarle.
- Bien, tú y yo vamos a acabar muy bien, mi rey. 


sábado, 3 de febrero de 2018

Querido Cáncer

Querido Cáncer,

Hoy me han enseñado a escribir una carta en el colegio. Ana, la profesora, nos ha explicado que era el método que utilizaban antes para comunicarse las personas que vivían en ciudades lejanas. Nos ha puesto de deberes escribir una y no sé si me va a dar tiempo de hacerla para mañana, pero al menos yo lo estoy intentando.

He decidido escribirte a ti porque últimamente eras el protagonista de nuestra vida. Papá no dejaba de hablar de ti, y mamá agachaba la cabeza cuando te pronunciaban. Parece ser que pasabas mucho tiempo con el abuelo, y que a ellos no les gustaba demasiado tu compañía. Y yo no sé a qué jugabais los dos juntos, le he preguntado a todo el mundo pero me dicen que son cosas de mayores. Eso sí, cada vez que veía al abuelo tenía menos pelo que antes. Yo le he dicho que se compre una peluca, que seguro que está mucho más guapo, pero la abuela dice que está guapo de todas formas. Pablo se queja porque antes los abuelos siempre le daban propina y ahora papá dice que no saquemos el tema. Además, desde que llegaste, mamá ya no está conmigo por las tardes, ayudándome a hacer los deberes o a pintar con los rotuladores nuevos.

Y es que verás Cáncer, yo creía que mamá y el abuelo me estaban preparando una fiesta sorpresa con muchos globos y confeti de colores, porque cada vez yo le veía menos. Y esa era la única explicación posible. En casa siempre estaba sola la abuela. Bueno, acariciando a Rufián, esa bola de pelo que le trajeron los reyes esta Navidad. Le pregunté a papá porque nosotros no teníamos un gato, y él me dijo que no lo necesitábamos. Parece ser que ella sí.

Pero estás pasadas semanas algo ha cambiado. Le he visto, por lo menos, 10 veces. Mucho más que antes cuando vosotros no os conocíais. Y está mucho más contento. Apenas se habla de ti ya. Quizá te has marchado al fin y el abuelo y tú habéis dejado de jugar a ese juego vuestro que le quitaba el pelo y a veces la sonrisa.

¿Te has marchado de verdad?

Muchos besos,

Pilar

lunes, 31 de julio de 2017

Querida noche

Querida noche,

Hace tanto tiempo que no nos quedábamos a solas. Te necesitaba. A tí y a tus silencios, selectivos, explícitos, difíciles de encontrar y que me aprietan el estómago y me estrujan el corazón. A tu habilidad para arrancarme las lágrimas, para dejarme ser yo, para romperme y saciar la necesidad de gritarle al mundo que estoy viva, esa que se apodera de mi cada cierto tiempo. Y es que que voy a decirte pequeña. Si cada segundo contigo es oro, y te echo de menos, como la luna que ha perdido a sus estrellas por capricho de unos humanos. Como la que reina el cielo de esta noche, el que observo desde mi ventana con los ojos abiertos y la mirada perdida. El que consigue demostrarme con tan solo su existencia que soy diminuta, que pequeños gigantes es una metáfora banal que nos queda grande y nos creemos para intentar protegernos de la inmensidad que nos rodea. Y es que estamos locos. Almenos, no lo parecemos...

jueves, 18 de mayo de 2017

Querida inseguridad

Querida,

Sé que ayer me visitaste de nuevo. Tengo que admitir que fue toda una sorpresa. Hacía tanto que no te veía frente a mi, orgullosa, con tus ropajes de seda y la máscara de pestañas corrida por toda la cara. Con esa sonrisa traicionera, esos brazos que me ofrecían falso cobijo y tu maleta llena de soluciones de alto precio. Aún así, no había olvidado tu mirada penetrante, glacial, que se clavaba en mis pupilas cada vez que intentaba enfrontarte. Esta vez sin embargo, la traías disfrazada de inocencia. Supongo que es por eso que me confundí, que fui incapaz de reconocerte con un simple vistazo. Antes no necesitaba más que notar tu olor para saber de tu presencia. Sentía como mis músculos se entumecian, como mi espalda se empezaba a encoger y mis párpados tenían que trabajar más que lo habitual. Y créeme que no me importaba. Los primeros días fueron duros, pero poco a poco me cercioré de que tenia que cargarte conmigo para toda la vida. Y que no era la única que lo hacía. Aún así, querida, me deshice de tu compañía. No me preguntes cómo, ni cuando, porque no lo sé. Tan solo recuerdo despertarme un día y sentirme fuerte. Única, especial, diferente. Sentirme entera, yo, con mis cicatrices y heridas, pero yo al fin y al cabo. Que sensación más maravillosa. Cómodo​ envidié a los que siempre la habían sentido. Como me maldecí por no haberlo hecho hasta entonces. Y como me compadeci de aquellos que jamás lo habían probado.

Pero de nuevo estabas aquí, junto a mi, mirándome desde arriba. Si, lo admito, mi primera reacción fue arrodillarme, limpiarte los zapatos de cristal con mis lágrimas. Romperme en mil pedazos. Aún así, soy más fuerte de lo que creía. Me levanté, y con apenas un par de gritos te marchaste.
Y hoy, que apenas ha pasado un día desde que te fuiste, me río de ello. Vuelve, vuelve cuando quieras. Rétame. Me he aprendido la jugada, y no tengo ningún miedo de mover mi reina ahogarte en jaque mate, inseguridad.

sábado, 14 de enero de 2017

Camufladas


Me acurruco en la ducha, abrazándome las rodillas con fuerza mientras siento el líquido caer sobre mi cuerpo. Encajo la cabeza entre las piernas y con el primer sollozo, llegan las lágrimas. Deberían camuflarse con el agua, pero yo las reconozco, sintiéndolas tibias contra mi piel. Quiero limpiarlas con las manos, pero me da la sensación de que si me suelto, me voy a romper.

jueves, 22 de diciembre de 2016

Querido amigo del pasado

Resultado de imagen de carta escribirQuerido amigo del pasado,

Hay dos motivos que me hacen suponer que jamás vas a leer esta carta. El primero depende solo de mí y es que, probablemente, no seré capaz de sacarla a la luz. Puede caer en malas manos, y mostrarme como soy en realidad: una muñeca frágil, de porcelana, que hace mucho tiempo que se quitó los tacones y prefirió andar descalza antes de fingir algo que no era. Estúpidos complejos, como nos reíamos de ellos... ¿Recuerdas?  
El segundo y más importante es que he empezado a dudar de tu existencia. Parece duro, pero empiezo a ser esa Wendy que se duerme apoyada en la ventana, cansada de esperar a ese Peter Pan que nunca llega. Del que tan solo conserva su recuerdo, grabado en la memoria, y del que es capaz de recordar su olor si cierra los ojos. Con el que se sentía cómoda, y el que insistía en que su cara era más bonita sin esa máscara que llevaba para afirmar que todo estaba bien.

Hace tan solo unos días estaba segura de que seguías ahí. Escondido tras las cortinas, dispuesto a salir para demostrarnos que, tal y como prometiste, no nos has abandonado. Pero cada día que pasa, la esperanza se desdibuja en mi memoria y pasas a ser un recuerdo más, de una persona que pertenece al pasado y que solo aparece en sueños

martes, 1 de noviembre de 2016

Cóseme la boca

Resultado de imagen de aguja y hiloEnebro la aguja con cuidado y te la tiendo.
Ten, cóseme la boca, te digo con la mirada. Sé que lo estás deseando. Que inocente eres al creer que eso acallará mis palabras. Esas que tan poco te gustan porque no son fieles al sistema. Sonrío de medio lado cuando la coges de entre mis dedos, al ver que tus ojos se oscurecen enfurecidos. Cruzo las manos y espero pacientemente a que realices tu trabajo, y asiento cuando me reprochas todo lo que no es de tu agrado, como si estuviera arrepentida. No te detienes pese a que clavo mis pupilas en las tuyas, pese a los gimoteos que emanan de mis labios. Porque aunque quiera fingir lo contrario, duele. Pese a todo, cuando acabas, me limpio el rastro de sangre con el dorso de la mano y trato de sonreír. Me miras, orgulloso de tu obra, y me tiendes un espejo, complacido al pensar que todos tus problemas han desaparecido. Abandonas la sala y yo, al ver mi reflejo, hago una mueca extraña y asiento. Saco unas tijeras y empiezo a cortar. Me quedarán cicatrices, pero esto no ha hecho nada más que empezar... Ahora me toca a mí mover pieza.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

No late. No vive. No siente.

Resultado de imagen de lagrimaCierro los ojos porque no ven. Las lágrimas se derraman por mis mejillas aunque no mojan. Agito los párpados para impedir que caigan, pese a que no se detienen. Me muerdo el labio por la impotencia hasta hacerme sangre y no me duele. Me lamo la herida, no escuece, y dicen que todo lo que escuece cura. Pero a mi nada me alivia el dolor. Intento levantarme, pero mis piernas no me sostienen. Me apoyo y los muebles no me aguantan. Grito, hablo, aunque no me entienden. Me pongo la mano sobre el corazón pero no late. No vive. No siente.

domingo, 4 de septiembre de 2016

Cuentos de hadas

Resultado de imagen de esperarHe derramado lágrimas amargas como la princesa esperanzada que espera despierta hasta el ocaso para ver llegar a su príncipe azul. Me he ido a dormir temblando de pura impotencia por que aunque gritara, nadie me oiría. He despertado con ilusión, sólo para volver a caer al ver que no estabas allí. Me he quedado inerte mirando al cielo, como si con el gesto pudiera pedirle a mi ángel guardián que te relevase su tarea. Y he vuelto a mirar por la ventana, esperando verte llegar hacia mi, con los ojos vidriosos y el corazón en un puño... Y así día día, para que luego digan que los cuentos no son realidad. Porqué yo también espero y oculto la tristeza, cómo ella. Pero mi final no creo que sea el mismo que el suyo: por suerte o por desgracia, yo vivo en el mundo real.

domingo, 28 de agosto de 2016

Mejor que no tenerle

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El abuelo se mecía en su sillón bajo la luz luna que se filtraba por la ventana. 
Con una vieja fotografía entre las manos, se limitaba a esperar que el tiempo pasara. Se preguntaba constantemente donde estaría ella. Que habría sido de su sonrisa, de sus tiernas palabras. De las arrugas de sus mejillas, de su lenta forma de caminar. Que haría con los delantales viejos, y a quién observaría de reojo cuando los dolores no le dejaran dormir.
Acariciaba el marco con el pulgar, siendo cada vez más consciente de que ningún tipo de justicia existía en el mundo. Si fuera así, la muerte se lo hubiera llevado a él. Nunca salía de casa, hacía tiempo que se le habían pasado las ganas de vivir. No como a ella. Su mirada seguía llena de ilusión hasta el momento en que se la arrebataron.
Absorto en sus pensamientos, no se dio cuenta de que los ojos, antes botones, de la pequeña muñeca de la estantería le observaban con tristeza. Una lágrima cayó por su fría cara de porcelana. Estaba tan cerca, pero le sentía tan lejos. Entre ellos había un abismo invisible al ojo humano.

Una sonrisa vacía se dibujó en su rostro. Dio un paso hacia atrás, alejándose del borde la estantería. Tenerle de esa forma era la peor forma de tenerle. Pero seguía siendo mejor que estar sin él. 

martes, 2 de agosto de 2016

El astro sin luz

Cuando el reloj da las doce, la granjera sale de su casa, con ansia. Mira hacia el cielo, y allí la ve: la luna, blanca y esférica como un queso, custodia el cielo, y sabe que velará por sus sueños. Con confianza, entra de nuevo en su cabaña,  dejándose en manos de un astro que no tiene luz propia pero que; antes que quedarse en la oscuridad, es capaz de admitir su debilidad y intenta aprender de los demás, reflejando la de los que si que tienen. Nadie nace enseñado, ¿no?

lunes, 18 de julio de 2016

Reencuentro canino

Cuando abro la puerta y vienes a recibirme, llorando, se me cae el alma a los pies. Me arrodillo, con las manos temblando, todavía sorprendida de que no te hayas olvidado de mí. Rodeo con los brazos tu cuerpo atlético, algo deteriorado por el paso de los años, que se agita bajo mis extremidades y acaricio tu pelaje. Al hundir la cara en tu cuello, aspiro un aroma que para otros resultará hasta desagradable, dado que es una mezcla de olor canino y sudor. A mi, en cambio, me relaja. Aún así, te cansas rápido de nuestra burbuja de tranquilidad, porque me lames la mejilla, recordándome que todavía tienes espíritu de cachorro, encerrado dentro de un cuerpo adulto. Sonrío, con la cara húmeda de lágrimas y saliva, y uno mi frente con la tuya.
He vuelto, pequeño, susurro.
Me levanto, cojo la pelota y la lanzo con fuerza, por los viejos tiempos. Y cuando me miras, pidiéndome permiso para ir a buscarla, tengo la certeza de que te queda mucho por vivir. O eso espero

jueves, 7 de julio de 2016

Salir de esta prisión

Resultado de imagen de barrotes de prisionCierro la puerta suavemente y apoyo mi espalda en ella. Cuando ambas superficies entran en contacto, las lágrimas empiezan a brotar de mis ojos con fuerza, como si pudieran purificar mi dolor con el simple hecho de aparecer. Me pregunto si a ti también te duele. Si estas apoyado al otro lado de la puerta, si me echas de menos. Si sientes algo, aunque sea un vacío profundo. Si te duelen las entrañas de tanto sangrar, o si simplemente crees que estoy exagerando. Si son cosas de adolescentes. Si piensas que quiero llamar la atención. Ojalá fuera así. Al menos, mis dedos dejarían de sangrar en un inútil intento de salir de esta prisión.

sábado, 2 de julio de 2016

Hacia donde la red está vacía

Desde que la pelota me toca los pies, miro la portera con cara de asco. Ella se pensará que estoy de broma, que llevo el fútbol a unos extremos inimaginables, hecho que es cierto, o que es mi carácter, porque me sonríe. No me conoce en absoluto, y yo no la soporto. He descubierto su faceta más oscura, esa que oculta a todo el mundo, y me muerdo la lengua a diario para que nadie salga dañado. Yo pienso en los míos, no como ella.
Le dirijo mentalmente un par de insultos mientras hecho a correr con la esfera entre las piernas. Regateo con velocidad a una pareja de defensas, dejándolas atrás con elegancia y sigo hacia mi objetivo. Cuando me acerco a su territorio, dejo de sentir lo que pasa a mi alrededor. Se que estoy actuando mal. Que debería pasar la pelota, jugar en equipo. Pero cuando la veo allí, de pie, pensado que me tiene engañada como al resto de su entorno, no puedo evitarlo: chuto con fuerza hacia la portería. Y por primera vez, no apunto hacia donde la red está vacía.

viernes, 1 de julio de 2016

Muchacha de hielo

Tú dices que no lo sientes. Que nada te importa porque ya estás rota. Que cada paso que das, lo das con miedo, con temor a caerte y romperte algún hueso. Que tienes oxidada la aguja que usas para coserte las heridas, que se ensucia con la sangre y que la limpias con las lágrimas.  Que te ríes por inercia, pero que pocas cosas en realidad te hacen gracia. Que ya no sientes nada, que estas vacía, y que no sientes no sentir. Que viste como la ilusión se esfumó de tus ojos, que olvidaste que era tener su calidez ente las manos. Que Roma al revés sigue estando en ruinas, y que has perdido todo tipo de confianza. Pero no te creo.
Te he visto sonreír, muchacha de hielo.

martes, 21 de junio de 2016

El corte de mi melena

Este corte de pelo significa mucho más que un simple cambio de look. Es un punto y aparte. Debo dejar atrás la mala racha que me perseguía, cambiar de aires y empezar a creer en mí misma. Ser mi prioridad o al menos intentarlo, no darle tanta importancia a las cosas y mirar hacia adelante. No agobiarme con el futuro porque nunca lo viviré, ya que el mañana de hoy es el hoy de mañana. Solo debo tener paciencia. Puedo con todo, y nada podrá conmigo si pongo de mi parte. El agua volverá a su cauce, y yo solo he simbolizado el cambio de su ruta con el corte de mi melena.

domingo, 19 de junio de 2016

La tranquilidad del mar

Por primera vez des de que tengo memoria el mar esta solitario. La playa, desierta. Quizá que sean las cuatro de la mañana de un día de invierno tiene alguna cosa que ver, pero aún así es una sorpresa. Cuando me mojo los pies con el agua fría, un escalofrío me recorre la espalda. Pese a todo, sigo adelante, hasta que me sumerjo entera. Me estiro y no se si es la tranquilidad de el ambiente, la originalidad del momento o simplemente mi existencia la que me da una paz interior que creía que era imposible de conseguir.

viernes, 10 de junio de 2016

Llorar

Créeme,  ahora mismo sólo tengo ganas de ponerme el posición fetal, hacerme una bolita, y llorar.
Hasta que se me sequen las lágrimas. Hasta que me ahogue por culpa del llanto. Hasta que saque de dentro todo este dolor, este malestar. Hasta que necesite parar. Hasta que no pueda más. Hasta que me rompa. 
Yo sé que te prometí no hacerlo. También te dije que no llevaría más la máscara que oculta mis sentimientos. Pero lo necesito. 
Porque para mí es una terapia: unos fuman, otros beben. Yo lloro. Y quién quiera decirme que es de cobardes, que lo haga. Ya lo sé.

lunes, 6 de junio de 2016

Querida abuela

No sé cómo lo hacías, pero siempre llevabas una sonrisa en la cara.
Una sincera, de esas que te llegan al corazón, y cuando me la mostrabas, dos hoyuelos se te dibujaban en la cara, dándote un aspecto infantil. 
Se notaba que la vida había pasado por ti: las arrugas, la la pierna con la que coge hagas, por las manchas del mismo delantal, que llevabas cuando mamá era pequeña. Pero tú también marcaste la historia: fuiste madre, hija y nieta, pero sobretodo, una luchadora. Tu vida no fue fácil, pero tú te esforzaste al máximo, intentando dando lo mejor de ti.
Y lo conseguiste.
Yo no entendía porque siempre llevabas el mismo bastón. Porqué bajabas al huerto, si tenías un supermercado cinco minutos de casa. Porqué llamabas en lugar de usar las aplicaciones de tu móvil de última generación. Y es curioso como para tantas preguntas, haya una misma respuesta.
Abuela, tú eres el vínculo que nos unía. Y ahora, más que nunca, tenemos que ser piezas de un mismo rompecabezas. No necesitabas los objetos más modernos, porque tu, eras novedad. Todas las sonrisas y palabras eran exclusivas,  todos los consejos y abrazados eran innovadoras.
Gracias por hacerme crecer. Y por enseñarme que la novedad vive en nuestro interior. Que solo tenemos que ser suficientemente valientes para descubrirla. Estés donde estés, no olvides que te quiero.
Con afecto,
Tu nieta.
Me seco una lágrima y el conjunto de personas que me rodea, vestidas de negro, me aplaude.

viernes, 3 de junio de 2016

Los cascos

Mis cascos son para mi una linterna en una casa embrujada: mi bien mas preciado. Pero en lugar de alumbrarme el camino, me ayudan a escapar de él.
Por eso, cuando voy por a calle y la gente no se inmuta, no puedo aguantarme las ganas.
Me pongo los cascos y me cierro en mi burbuja particular. En cuanto la música invade mis oídos, el mundo a mi alrededor desaparece. Sé que no debería hacerlo con tanta frecuencia, pero es una sensación que adoro. Aunque solo sea por unos segundos, todo esta bien. Me evado de mis problemas, de la realidad. Solo soy un alma más, soy indestructible, eterna.
Pero de repente choco con la realidad. Alguien ha desenchufado mis auriculares. Ella está delante mío. Siempre lo ha estado. Me sonríe, me abraza, y rompe la coraza con la que me protegía. Hundo la cara en su hombro y lloro, como la niña que soy, que todavía es demasiado pequeña para dejar atrás los cuentos de hadas.