Querido Cáncer,
Hoy me han enseñado a escribir una carta en el colegio. Ana, la profesora, nos ha explicado que era el método que utilizaban antes para comunicarse las personas que vivían en ciudades lejanas. Nos ha puesto de deberes escribir una y no sé si me va a dar tiempo de hacerla para mañana, pero al menos yo lo estoy intentando.
He decidido escribirte a ti porque últimamente eras el protagonista de nuestra vida. Papá no dejaba de hablar de ti, y mamá agachaba la cabeza cuando te pronunciaban. Parece ser que pasabas mucho tiempo con el abuelo, y que a ellos no les gustaba demasiado tu compañía. Y yo no sé a qué jugabais los dos juntos, le he preguntado a todo el mundo pero me dicen que son cosas de mayores. Eso sí, cada vez que veía al abuelo tenía menos pelo que antes. Yo le he dicho que se compre una peluca, que seguro que está mucho más guapo, pero la abuela dice que está guapo de todas formas. Pablo se queja porque antes los abuelos siempre le daban propina y ahora papá dice que no saquemos el tema. Además, desde que llegaste, mamá ya no está conmigo por las tardes, ayudándome a hacer los deberes o a pintar con los rotuladores nuevos.
Y es que verás Cáncer, yo creía que mamá y el abuelo me estaban preparando una fiesta sorpresa con muchos globos y confeti de colores, porque cada vez yo le veía menos. Y esa era la única explicación posible. En casa siempre estaba sola la abuela. Bueno, acariciando a Rufián, esa bola de pelo que le trajeron los reyes esta Navidad. Le pregunté a papá porque nosotros no teníamos un gato, y él me dijo que no lo necesitábamos. Parece ser que ella sí.
Pero estás pasadas semanas algo ha cambiado. Le he visto, por lo menos, 10 veces. Mucho más que antes cuando vosotros no os conocíais. Y está mucho más contento. Apenas se habla de ti ya. Quizá te has marchado al fin y el abuelo y tú habéis dejado de jugar a ese juego vuestro que le quitaba el pelo y a veces la sonrisa.
¿Te has marchado de verdad?
Muchos besos,
Pilar