lunes, 31 de julio de 2017

Querida noche

Querida noche,

Hace tanto tiempo que no nos quedábamos a solas. Te necesitaba. A tí y a tus silencios, selectivos, explícitos, difíciles de encontrar y que me aprietan el estómago y me estrujan el corazón. A tu habilidad para arrancarme las lágrimas, para dejarme ser yo, para romperme y saciar la necesidad de gritarle al mundo que estoy viva, esa que se apodera de mi cada cierto tiempo. Y es que que voy a decirte pequeña. Si cada segundo contigo es oro, y te echo de menos, como la luna que ha perdido a sus estrellas por capricho de unos humanos. Como la que reina el cielo de esta noche, el que observo desde mi ventana con los ojos abiertos y la mirada perdida. El que consigue demostrarme con tan solo su existencia que soy diminuta, que pequeños gigantes es una metáfora banal que nos queda grande y nos creemos para intentar protegernos de la inmensidad que nos rodea. Y es que estamos locos. Almenos, no lo parecemos...

jueves, 18 de mayo de 2017

Querida inseguridad

Querida,

Sé que ayer me visitaste de nuevo. Tengo que admitir que fue toda una sorpresa. Hacía tanto que no te veía frente a mi, orgullosa, con tus ropajes de seda y la máscara de pestañas corrida por toda la cara. Con esa sonrisa traicionera, esos brazos que me ofrecían falso cobijo y tu maleta llena de soluciones de alto precio. Aún así, no había olvidado tu mirada penetrante, glacial, que se clavaba en mis pupilas cada vez que intentaba enfrontarte. Esta vez sin embargo, la traías disfrazada de inocencia. Supongo que es por eso que me confundí, que fui incapaz de reconocerte con un simple vistazo. Antes no necesitaba más que notar tu olor para saber de tu presencia. Sentía como mis músculos se entumecian, como mi espalda se empezaba a encoger y mis párpados tenían que trabajar más que lo habitual. Y créeme que no me importaba. Los primeros días fueron duros, pero poco a poco me cercioré de que tenia que cargarte conmigo para toda la vida. Y que no era la única que lo hacía. Aún así, querida, me deshice de tu compañía. No me preguntes cómo, ni cuando, porque no lo sé. Tan solo recuerdo despertarme un día y sentirme fuerte. Única, especial, diferente. Sentirme entera, yo, con mis cicatrices y heridas, pero yo al fin y al cabo. Que sensación más maravillosa. Cómodo​ envidié a los que siempre la habían sentido. Como me maldecí por no haberlo hecho hasta entonces. Y como me compadeci de aquellos que jamás lo habían probado.

Pero de nuevo estabas aquí, junto a mi, mirándome desde arriba. Si, lo admito, mi primera reacción fue arrodillarme, limpiarte los zapatos de cristal con mis lágrimas. Romperme en mil pedazos. Aún así, soy más fuerte de lo que creía. Me levanté, y con apenas un par de gritos te marchaste.
Y hoy, que apenas ha pasado un día desde que te fuiste, me río de ello. Vuelve, vuelve cuando quieras. Rétame. Me he aprendido la jugada, y no tengo ningún miedo de mover mi reina ahogarte en jaque mate, inseguridad.

sábado, 14 de enero de 2017

Camufladas


Me acurruco en la ducha, abrazándome las rodillas con fuerza mientras siento el líquido caer sobre mi cuerpo. Encajo la cabeza entre las piernas y con el primer sollozo, llegan las lágrimas. Deberían camuflarse con el agua, pero yo las reconozco, sintiéndolas tibias contra mi piel. Quiero limpiarlas con las manos, pero me da la sensación de que si me suelto, me voy a romper.