Querida noche,
Hace tanto tiempo que no nos quedábamos a solas. Te necesitaba. A tí y a tus silencios, selectivos, explícitos, difíciles de encontrar y que me aprietan el estómago y me estrujan el corazón. A tu habilidad para arrancarme las lágrimas, para dejarme ser yo, para romperme y saciar la necesidad de gritarle al mundo que estoy viva, esa que se apodera de mi cada cierto tiempo. Y es que que voy a decirte pequeña. Si cada segundo contigo es oro, y te echo de menos, como la luna que ha perdido a sus estrellas por capricho de unos humanos. Como la que reina el cielo de esta noche, el que observo desde mi ventana con los ojos abiertos y la mirada perdida. El que consigue demostrarme con tan solo su existencia que soy diminuta, que pequeños gigantes es una metáfora banal que nos queda grande y nos creemos para intentar protegernos de la inmensidad que nos rodea. Y es que estamos locos. Almenos, no lo parecemos...
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