jueves, 26 de febrero de 2015

Una promesa no cumplida

Rebusqué una y otra vez en el bolso sin obtener resultado. Las había perdido suspiré, cansada y; mientras pasar mi mano por la frente eliminando las gotas de sudor que habían aflorado de mi piel a causa del estrés, pensé una solución.
Estaba en el portal de mi casa algo confusa y con los recuerdos de la noche anterior me abatían sin cesar. Recordaba la sensación de miedo, de huir de algún hecho que alteró mis sentidos, y a causa del cual había ingerido gran cantidad de alcohol para intentar olvidar lo. Por eso trastabillaba y me había despertado con un horrible dolor de cabeza estirada en un banco.
Por suerte, un vecino abrió la puerta del edificio y aproveché la oportunidad para entrar con él, agradeciéndole que me aguantará la puerta, fingiendo buscar unas llaves que ya era consciente de que no encontraría. Llamé al ascensor y me miré los zapatos, incómoda. Siempre he sido muy vergonzosa. Pero el elevador llegó rápido y pude huir del momento embarazoso. Como siempre el hombre comentó algo del tiempo, y yo le contesté con monosílabos; apoyada en la pared para que no notara mi mareo.
Llegué a mi piso y salí del ascensor, sin saber muy bine que hacer. Finalmente, llamé al timbre de la puerta continua  a mi casa y al cabo de unos minutos abrió un señor malhumorado, en albornoz y con cara de pocos amigos. Lógicamente, ya que eran las ocho de la mañana de un domingo. Me disculpé con una sonrisa, mientras le explicaba mi huida de casa, cómo recorrí las calles sola, me refugié en un bar y finalmente me desperté por la mañana en aquel banco. Mi vecino alzó una ceja, sorprendido, y al mismo tiempo preguntándose porqué le contaba yo aquello. Le rogué, tratándolo de usted y con el pelo alborotado a causa del lugar en  el qué había pasado la noche, qué me dejara saltar desde su balcón hasta el mío. El hombre accedió, a regañadientes, para poder olvidar aquel asunto y volver a su cama.
Cuando finalmente llegué a mi terraza vi, por suerte o por desgracia, que la ventana estaba abierta. También observé las estanterías por el suelo, las cortinas rasgadas y un rastro de sangre que provenía de un cuerpo inerte que había en el suelo de mi salón. Mi marido. Corrí y lloré como nunca lo había echo abrazándole, jurando por mi vida que encontraría al culpable de su muerte. 
Hugo, no olvides que yo te quería, más que a nada ni a nadie en este mundo.

Cuatro años después, al no obtener ningún resultado, se clavó un puñal en el corazón, sintiéndose culpable por no haber hallado la persona responsable de la muerte de Hugo, pese a qué era la persona qué mejor conocía en el planeta. Y con este gesto, cumplió su promesa, liberándose de su culpabilidad. 

martes, 24 de febrero de 2015

Su mayor miedo... ⊙▽⊙

Berta se agachó y, en un abrir y cerrar de ojos, se encontró a dos metros del punto donde había hecho sus últimos movimientos. Aunque había logrado esquivar ese ataque, sabía que aquello sólo era el principio del mal sueño que estaba viviendo. Posiblemente, por eso aún tenía los sentidos alerta y la piel de gallina. Pero tenía que hacerlo para poder salir de aquel agujero negro.
Como Berta estaba sumida en sus pensamientos, no vio a la persona que se acercaba a ella, a pesar de que la conocía muy bien. Cuando ésta le rozó el hombro, con la intención de hacerla volver a su mundo de una forma cálida; ella, con un rápido reflejo, le disparó una patada que casi lo tocó. Por suerte, se dio cuenta rápido de su error y únicamente le movió la cabellera.
- ¡Eloi! - Gritó ella mientras se lanzaba a sus brazos - perdona por el golpe ...
- No pasa nada, tranquila - dijo él, mientras le devolvía el abrazo - te echado de menos muchísimo!
- Y yo ... aunque que la distancia no ha roto nuestra amistad! Pero - añadió Berta - que haces aquí? A ti también te había descubierto el doctor Colum?
- ¿Así es como se llama aquel loco que me ha tenido dos días preso sin ver la luz del sol? - preguntó Eloi
- Si tenía el cabello largo y blanco, y llevaba una bata amarillenta ... sí - y añadió ella con una sonrisa - y aunque lo parece es muy inteligente. Ya ves que ha descubierto muchos agentes de la ONDAS (Organización Nacional de Espionaje Secreto).
- Si ... yo me limité a observar todos sus movimientos para saber en que estaba trabajando. Entonces, un día me descubrió, y para capturar me pasó por mi ante desprendiendo un somnífero. Me dormir, y ahora estoy aquí. Y como se lo hizo para capturar a tí? - preguntó Eloi con curiosidad.
Antes de que Berta pudiera contestar, una pregunta surgió en su cabeza: "¿cómo puedes desprender un gas tóxico que no te afecte?" Aquello sólo significaba que el doctor Colum tenía un gran presupuesto para inventar todos aquellos dispositivos tan sofisticados.
- A mí me pasó algo parecido, pero actué como un principiante
- Pues, que no vuelva a pasar! - Dijo mientras le hacía un guiño - a ver cómo le explicamos esto al jefe!
Aquello aún dejó más preocupada a Berta. ¡Eloi nunca había reaccionado así! Él era muy positivo, y siempre le ayudaba a mejorar dando ánimos. Hubiera sido más propio un "no pasa nada, tranquila ..."
- Por cierto - le preguntó Berta - a ti no te habían trasladado a Arabia?
- Sí, pero me han devuelto aquí. No me preguntes el motivo para que no lo se. Venga vamos el doctor nos descubrirá huyendo de su prisión.
Entonces, hubo un detalle que a Berta no se le pasó por alto: "¿cómo es que desde que Eloi está hablando conmigo se han desactivado todas las alarmas que hay para huir de aquí? "se preguntó. Berta empezó a sospechar algo, pero para asegurarse de que sus deducciones eran ciertas, le falta una
pregunta más.
- Eloi - dijo mientras la cogía por el brazo - recuerdas que yo te confesé, cuando éramos pequeños, mi miedo más grande?
Eloi movió la cabeza de arriba a abajo, con un gesto de afirmación
- Y no te habrás olvidado... ¿no? - prosiguió Berta - ¿Cuál era?
- De pequeña ... - dudó Eloi - ¿las arañas? Aunque ...
Berta no necesitó más palabras. Tenía los ojos llorosos debido a la rabia, por haber caído en la trampa de doctor, y porque se sentía estúpida por haber dejado que jugaran con sus sentimientos. Le disparó una patada al falso Eloi, construyendo por el doctor, y la cara del androide del Colum salió disparada unos metros allá. Incluso le dio lástima. Se parecía tanto a él ... Se secó con un movimiento las lágrimas de los ojos, y se metió a correr. Mientras lo hacía, comprendió que sus reflejos no lo habían fallado. Al principio sí que había atacado al robot ... pero su apariencia lo había engañado.
Por fin encontró la salida. Cuando empujó la puerta, con fuerza, sintió el ruido de los pies de los agentes contratados por el doctor persiguiendo, pero ya no le importaba. Había conseguido escapar.
Una vez fuera, cuando el sol le tocó la cara, cogió el móvil y el desbloqueó con prisa. Marcó el número del Eloi, y esperó impacientemente hasta que una voz respondió al teléfono. El corazón de Berta comenzó a latir más fuerte, y, de una forma instantánea recordó su gran temor: no volver a sentir nunca más aquella voz, la voz de Eloi.

domingo, 22 de febrero de 2015

~ Libre ~



Cierro los ojos e inspiro con fuerza. El olor de bosque me inunda las fosas nasales. Es tan relajante...
Me hallo en la cima de una montaña que he subido con muchísimo esfuerzo. Mi calzado nuevo se ha manchado con el barro, el aire me alborota el cabello. Abro los brazos y muevo ligeramente las piernas, colocándome en una posición que inspira alegría, una pizca de fragilidad, valor y tranquilidad, mucha tranquilidad. Es como si todo a mi alrededor se desvaneciera, se evaporara, como si en el mundo sólo existieran las montañas, las nubes de algodón, el silencio y la calma.
Es, en ese preciso instante de felicidad, cuando no soy consciente de donde estoy ni de porqué, en el que me siento sorprendentemente libre.

jueves, 19 de febrero de 2015

Tecnología, tecnología y más tecnología

Subí al autobús, y, como todos los días, pasé la tarjeta por el detector. El aparato emitió una leve silbido, como si me advirtiera que algo que iba a suceder. Pero, ignorándolo, me dirigí a mi asiento habitual. Está situado en el fondo del autobús, a la derecha. Me gusta sentarme allí por que, cada vez que me apoyo en él, un escalofrío me recorre la columna y me aisla del mundo, ya que nunca nadie se sienta en este lugar y está frío.
Puse la mano en mi bolsa en busca mi móvil, mientras pensaba cuál de las aplicaciones utilizaría aquella vez: podía jugar a ese juego al que me había pegado en los últimos días, hablar por los servicios de mensajería instantánea, comprar las zapatos fosforescentes online (me hacían un pequeño descuento de los 200 € que costaban), escuchar música, actualizar el facebook, el twitter o instagram. Podía hacer muchas cosas con la máquina. Seguí removiendo la mochila, y las gotas de sudor empezaron a resbalar me por la nariz. Me empezaba a frustrar, no lo encontraba. Por último, lo la vacié toda el asiento de al lado, haciendo mucho ruido Allí no estaba, pero, aún así, pasé la mano por dentro del bolsillo grande de la mochila; quizá en un intento de encontrar el móvil, por si había quedado enganchado en el fondo de la bolsa. Pero lógicamente, no estaba.
Lo volví a guardar todo, con amargura. Mientras pensaba donde la había podido dejar, me di cuenta que todavía faltaban 20 minutos para llegar a mi casa. Así que, aburrida, me puse a observar las gotas de agua que resbalaban por los cristales, aunque se aferraban a este, posiblemente para evitar caer. Pero enseguida me cansé.
Así que, aunque me costó mucho, inicié una conversación con la chica que siempre estaba en el autobús cuando yo subía, y que al bajar lo hacía siempre con una sonrisa, en la misma parada que yo. Sentaba detrás de mí. Lo que comenzó con un simple "hola, cómo estás, yo muy bien" terminó con un diálogo muy agradable. La conocí mejor. Se llama Elsa, tiene la misma edad que yo y le encanta hacer deporte.
Ahora, cada vez que subo al autobús hablo con ella y dejo de lado la tecnología. Y, cuando paso la tarjeta por el detector y éste emite una leve silbido, no me dirijo al asiento del fondo a la derecha, sino que busco con la mirada los ojos verdosos del Elsa.
Por cierto, en medio de la conversación encontré el móvil en el bolsillo pequeño, sin embargo, no me limité ni a desbloquearlo. ¿Para qué? Estar con un amiga es mejor, mucho mejor.

La leyenda de las estrellas

Cuenta la leyenda, que en aquellos tiempos, la Luna era muy presumida.
Pero, ¿y las estrellas? ... Esta la historia que les voy a esxplicar.
Este astro, tenía, a la vez, envidia de una serpiente muy grande que brillaba por las noches. Sus escamas eran plateadas, y unas rayas doradas manchaban su piel. A todos los niños y mayores les gustaba, porque reflejaba la luz de la Luna, y era un símbolo de pureza. El astro pero, pensaba lo contrario. Necesitaba destruir aquel ser que le robaba la popularidad. Así que, decidida, cogió a la serpiente por la cola y decidió tirarla al suelo. Al romperse, salieron disparados millones de trocitos, que hoy en día llamamos estrellas.
Pero... en la otra punta del mundo, había una niña que lloraba en un callejón oscuro. Lo hacía porque recientemente, había perdido a su hermana. Entonces, recibió un estímulo que la obligó levantar la
cabeza. Al mirar el cielo, vio que este estaba lleno de puntitos blancos, y que era mucho más bonito. Pero ella no tenía ojos para el resto de estrellas, sólo para con una. Aquel era grande y brillaba mucho. ¿Y saben quién era? Ese puntito le recordaba a la luz de los ojos de la hermana. Y por este motivo no podía dejar de mirarla. Y seguro que, cuando levantéis la cabeza para observar las estrellas, aquí o en el otro extremo del mundo; veréis una estrella que os recuerde con algún ser que no volverá. ¿Pero sabéis que se dibujó en la cara de la niña? 
Una sonrisa, que es lo que tenemos que hacer todos cada día, sonreír

martes, 17 de febrero de 2015

Querido lector...

Querido lector,
En este blog podrás encontrar todo tipo de sensaciones que uno siente cuando está enfadado,  feliz, inseguro, afligido, vergonzoso, asustado, resentido, desconcertado, nervioso, pensativo, hambriento :),  orgulloso, alegre, impaciente, triste, irritado, indignado o simplemente, viviendo la vida. 
Gracias por gastar un poco de tu tiempo leyendo estas palabras. 
Te deseo una agradable lectura...