lunes, 18 de julio de 2016

Reencuentro canino

Cuando abro la puerta y vienes a recibirme, llorando, se me cae el alma a los pies. Me arrodillo, con las manos temblando, todavía sorprendida de que no te hayas olvidado de mí. Rodeo con los brazos tu cuerpo atlético, algo deteriorado por el paso de los años, que se agita bajo mis extremidades y acaricio tu pelaje. Al hundir la cara en tu cuello, aspiro un aroma que para otros resultará hasta desagradable, dado que es una mezcla de olor canino y sudor. A mi, en cambio, me relaja. Aún así, te cansas rápido de nuestra burbuja de tranquilidad, porque me lames la mejilla, recordándome que todavía tienes espíritu de cachorro, encerrado dentro de un cuerpo adulto. Sonrío, con la cara húmeda de lágrimas y saliva, y uno mi frente con la tuya.
He vuelto, pequeño, susurro.
Me levanto, cojo la pelota y la lanzo con fuerza, por los viejos tiempos. Y cuando me miras, pidiéndome permiso para ir a buscarla, tengo la certeza de que te queda mucho por vivir. O eso espero

jueves, 7 de julio de 2016

Salir de esta prisión

Resultado de imagen de barrotes de prisionCierro la puerta suavemente y apoyo mi espalda en ella. Cuando ambas superficies entran en contacto, las lágrimas empiezan a brotar de mis ojos con fuerza, como si pudieran purificar mi dolor con el simple hecho de aparecer. Me pregunto si a ti también te duele. Si estas apoyado al otro lado de la puerta, si me echas de menos. Si sientes algo, aunque sea un vacío profundo. Si te duelen las entrañas de tanto sangrar, o si simplemente crees que estoy exagerando. Si son cosas de adolescentes. Si piensas que quiero llamar la atención. Ojalá fuera así. Al menos, mis dedos dejarían de sangrar en un inútil intento de salir de esta prisión.

sábado, 2 de julio de 2016

Hacia donde la red está vacía

Desde que la pelota me toca los pies, miro la portera con cara de asco. Ella se pensará que estoy de broma, que llevo el fútbol a unos extremos inimaginables, hecho que es cierto, o que es mi carácter, porque me sonríe. No me conoce en absoluto, y yo no la soporto. He descubierto su faceta más oscura, esa que oculta a todo el mundo, y me muerdo la lengua a diario para que nadie salga dañado. Yo pienso en los míos, no como ella.
Le dirijo mentalmente un par de insultos mientras hecho a correr con la esfera entre las piernas. Regateo con velocidad a una pareja de defensas, dejándolas atrás con elegancia y sigo hacia mi objetivo. Cuando me acerco a su territorio, dejo de sentir lo que pasa a mi alrededor. Se que estoy actuando mal. Que debería pasar la pelota, jugar en equipo. Pero cuando la veo allí, de pie, pensado que me tiene engañada como al resto de su entorno, no puedo evitarlo: chuto con fuerza hacia la portería. Y por primera vez, no apunto hacia donde la red está vacía.

viernes, 1 de julio de 2016

Muchacha de hielo

Tú dices que no lo sientes. Que nada te importa porque ya estás rota. Que cada paso que das, lo das con miedo, con temor a caerte y romperte algún hueso. Que tienes oxidada la aguja que usas para coserte las heridas, que se ensucia con la sangre y que la limpias con las lágrimas.  Que te ríes por inercia, pero que pocas cosas en realidad te hacen gracia. Que ya no sientes nada, que estas vacía, y que no sientes no sentir. Que viste como la ilusión se esfumó de tus ojos, que olvidaste que era tener su calidez ente las manos. Que Roma al revés sigue estando en ruinas, y que has perdido todo tipo de confianza. Pero no te creo.
Te he visto sonreír, muchacha de hielo.