domingo, 14 de junio de 2015

Estrés

Camino con un paso ligero por la calle desierta, tengo ganes de llegar a casa, poner música y teletransportarme a otro lugar. Huir es de cobardes, me decía siempre. Pues, quizá si que soy cobarde. Pero prefiero serlo antes que seguir sintiendo esta agonía. Es como un humo negro que se expande por mis pulmones y no me de ja respirar. Me agobia. Me cierra. Me supera. Y sí, se que dentro de un tiempo se me pasara. Piensa en el futuro, me aconsejaba. Cuando seas mayor y mires hacía atrás, verás un Hermoso camino que has plantado día a día. Sí, pero ¿a que precio? No te puedes quejar, me insistía. Y a tu edad no era tan afortunada.

Lo sé. Tengo todo lo que necesito para vivir. Pero también tengo estrés, soledad, presión. Ambas cosas van cogidas de la mano, pero yo puedo escoger cual lleva el rumbo de mi vida. Este es le camino que he escogido. Y espero no haberme equivocado. 

miércoles, 3 de junio de 2015

La huída

Carla miró al coche sorprendida. Entonces, recordó a aquel hombre. Dejó de caminar y tubo que pararse en la hierba. Empezó a oír voces, y se sintió algo mareada. Era él.
Sí, solo había hablado con él una vez, pero ella jamás lo olvidaría. Ese día, perdió sus papeles y dejó atrás la faceta de tranquilidad y paciencia.  Le tiró un vaso de agua encima al señor de los ojos oscuros, que la estaba molestando desde hacía unos minutos. Él, con la mirada desafiante, le dijo que iba a pagar aquello muy caro. Cerró los ojos e inspiró con fuerza, pero las frase seguía corriendo por sus neuronas.
Cuando abrió los ojos, se había teletransportado a otro lugar. Quizás, tenía poderes. Y... ¡quién sabe! Quizá se volvían más fuertes en el futuro... Pero, en cuanto se giró, la chispa de ilusión de sus ojos se esfumó. Se levantó y echó a correr. Allí estaba el hombre, con un arma blanca en la mano.