miércoles, 3 de junio de 2015

La huída

Carla miró al coche sorprendida. Entonces, recordó a aquel hombre. Dejó de caminar y tubo que pararse en la hierba. Empezó a oír voces, y se sintió algo mareada. Era él.
Sí, solo había hablado con él una vez, pero ella jamás lo olvidaría. Ese día, perdió sus papeles y dejó atrás la faceta de tranquilidad y paciencia.  Le tiró un vaso de agua encima al señor de los ojos oscuros, que la estaba molestando desde hacía unos minutos. Él, con la mirada desafiante, le dijo que iba a pagar aquello muy caro. Cerró los ojos e inspiró con fuerza, pero las frase seguía corriendo por sus neuronas.
Cuando abrió los ojos, se había teletransportado a otro lugar. Quizás, tenía poderes. Y... ¡quién sabe! Quizá se volvían más fuertes en el futuro... Pero, en cuanto se giró, la chispa de ilusión de sus ojos se esfumó. Se levantó y echó a correr. Allí estaba el hombre, con un arma blanca en la mano.

miércoles, 20 de mayo de 2015

Como el mar

Un momento en el que me sorprendió la naturaleza por su belleza y fuerza sucedió en un lugar que yo había visitado durante mi infancia.
Tenia unas vistas al mar que me cautivaron en seguida. En la costa, había una gran montaña, en el pie de la cual se extendía una gran playa. Yo recordaba aquel turón como un elemento duro, fuerte y resistente, Pero, cuando volví allí, vi como el cismo se había convertido en un rompeolas, al ser atacado constantemente por el mar.
Al principio, esto me entristeció: aquello que yo creía por indestructible se estaba rompiendo. No era tna fuerte como yo imaginaba... Pero en seguida vi el punto positivo, me di cuenta de mi error: si que hay una forma de ser indestructible, fuerte, duro y resistente: ser constante y no para nunca, no dejar de intentarlo jamás, como el mar.

lunes, 4 de mayo de 2015

El plan

El gallo de ciudad – también llamado despertador – emitió un ruido sonoro. Me levanté del susto, y golpeé con impaciencia al aparato para que se callara. Miré el reloj: eran las 6 de la mañana. Bajé las escaleras de dos en dos, y ni siquiera desayuné. No tenía tiempo. Salí a la calle con una blusa azulada y unos pantalones arrapados. Caminé de forma rápida (para mi edad) y sigilosa por las calles,  seguidamente giré dos veces a la izquierda. En la esquina, me encontré a Alba, que me miró con ojos traviesos. Eran las 6:10, el plan estaba saliendo a la perfección. Me señaló la bolsa que llevaba colgando del hombro con su  dedo, y yo le mostré la mía. Llevábamos el material necesario. Antes de seguir andando, mire a la izquierda, a la derecha, y le hice un gesto a Alba. “Todo despejado” – le indiqué. Ella me miró, nerviosa. Habíamos quedado en su casa para trazar el plan, y ensayamos varias veces nuestros movimientos. Pero esa era la hora de la verdad. No tardamos mucho en llegar a nuestro destino. Eran las 6:30. El edificio estaba solitario, bueno eso parecía. No sabíamos los peligros que nos encontraríamos dentro. Pero ya faltaba poco para averiguarlo. Vimos a dos abuelas que se acercaron, sigilosamente, por la izquierda. Solté un taco y di un par de pasos, para marcar territorio. El cartel del centro comercial se tambaleó. Me preparé y miré a Alba. Cogimos fuerte la bolsa. El recorrido era fácil. Sólo teníamos que girar a la izquierda y allí la encontraríamos. La tienda de ortodoncia que hacía un descuento a los dos primeros clientes. En cuanto leí se abrieron las puertas, plaqué a la señora que tenía a la derecha. Habían empezado las rebajas. 

miércoles, 15 de abril de 2015

Vivo en una nube

Vivo en una nube. Literalmente. No en el sentido figurado, no soy una soñadora. Bueno, al menos no muy a menudo. Algunas veces me imagino que bajo a la tierra, pero mis sueños son demasiado surrealistas.
Creo que es positivo empezar a contar mi vida con esta frase, porque sino no entenderías la situación en la que me encuentro.
Soy arrastrada por las corrientes de aire. Algunas veces me doy cuenta, otras no. Algunas de ellas me empujan hacia adelante, animándome a hacer cosas que antes no me atrevía a hacer. Otras sin embargo, me frenan cuando cojo demasiada velocidad. Hay algunas pocas que vigilan que ningún pájaro me atraviese, me advierten cuando me desvío del camino, y me controlan para que no ceda ante la presión de las demás corrientes. Los peores son los que primero me apoyan pero después me dan demasiada velocidad. Yo no me doy cuenta, ya que ellos me dicen que hago lo correcto. Este es uno de los grupos mayoritario, pero de vez en cuando conseguimos salvarlo hay algunas y guiarlas hacia el buen camino antes de que sea demasiado tarde.
Hay corrientes que marchan, que huyen, que se evaporan en un santiamén. ¿Los motivos? Suelen ser muy diversos: la presión, la necesidad, el deseo. Otros mueren, porque es envejecen o simplemente llega su hora, por mala suerte.
Yo en cambio, sigo aquí, observando como las estrellas discuten por motivos que prefiero no entender. Es verdad eso que dicen que la ignorancia es, bastantes veces, mejor que el conocimiento. Algunas veces me imagino que tengo la voz más fuerte y llamo para hacerme sentir. A mis sueños, me escuchan y dan cuenta de todos los errores que han cometido, y cambian su punto de vista sobre la forma en que organizan el cielo.
Quizás sí, que vivo en una nube. Pero esta vez en sentido figurado. Y espero no caer nunca.

miércoles, 8 de abril de 2015

¿Por qué?

No puedo entenderlo. ¿Por qué? ¿Por qué ella? ¿No tuvo suficiente escarmiento? ¿Cuando obró mal? ¿Era necesario todo este sufrimiento, esta pérdida? ¿A caso, el algún momento, hizo algo de lo que no pueda presumir? ¿Dónde está si no es a mí lado?¿Sé acordará de mí? ¿Tendrá la sensación de frío y soledad que siento yo por las noches? Las preguntas me acecharon con voracidad, alimentándose de mis miedos y dudas.

Estés dónde estés, recuerda que yo te quiero, abuela. 

jueves, 2 de abril de 2015

Inmortales

Siempre pensamos que vivir eternamente seria lo mejor, ¿verdad?. Estar eternamente con las personas a las que quieres, no tener que llorar sus muertes... Pero, ¡¿se han dado cuenta de que (porque será) nunca estamos satisfechos con lo que tenemos?! Un sabio dijo "cuando pierdes algo aprecias su valor". Pues creo que tenía mucha razón. Pero hoy, no voy a hablar del porqué de las cosas, sino del porqué de la muerte.


"Había una vez un pueblo donde la gente viva eternamente. Todo el mundo tenia su pareja, una casa, un oficio, hacia la misma rutina todos los días... pero no tenían hijos. Era una norma que se había establecido hacía siglos para que pudieran caber todos en el mismo terreno, ya que no se podían expandir hacia ningún lado (estaban rodeados de costa). Para morir, solo debían desearlo.


Pero las personas eran demasiado egoístas como para pensarlo, siquiera. Un día, sin embargo, una pareja se propuso saltarse la ley. La muchacha se quedo embarazada y tuvo un hijo, que no era inmortal. Tuvo miedo a que le hicieran daño, así que deseó, con todas sus fuerzas, morir. Y así fue.


Por primera vez en el pueblo, alguien murió. La gente lloró, le hicieron un bonito funeral... Siguiendo su ejemplo, las personas empezaron a tener hijos y a morir. Finalmente, para evitar la extinción de la raza humana, los dioses nos quitaron la inmortalidad."

sábado, 21 de marzo de 2015

Diferentes, sencillos... o sencillamente diferentes

Caminaba a paso ligero por los pasillos de su nuevo instituto, ya desierto. Cuando el timbre había sonado, todos los alumnos (des de primero hasta bachillerato) habían salido creando una estampida poco sigilosa. Giró a la derecha. Sonrió al ver que había escogido el camino correcto. Poco a poco se iba acostumbrando a aquel lugar. Segundos después, salió al exterior. Algo sorprendido al ver que todavía había gente en el patio, se acercó un grupo a de jóvenes los cuales, a simple vista, no tenían nada en común. Eran rubios, morenos o castaños, de ojos más claros u oscuros. Pero todos compartían un pensamiento: que estar juntos era siempre mejor qué separados. Y ellos eran el motivo por el que ese muchacho, todavía creía que no había nada imposible.