miércoles, 3 de junio de 2015

La huída

Carla miró al coche sorprendida. Entonces, recordó a aquel hombre. Dejó de caminar y tubo que pararse en la hierba. Empezó a oír voces, y se sintió algo mareada. Era él.
Sí, solo había hablado con él una vez, pero ella jamás lo olvidaría. Ese día, perdió sus papeles y dejó atrás la faceta de tranquilidad y paciencia.  Le tiró un vaso de agua encima al señor de los ojos oscuros, que la estaba molestando desde hacía unos minutos. Él, con la mirada desafiante, le dijo que iba a pagar aquello muy caro. Cerró los ojos e inspiró con fuerza, pero las frase seguía corriendo por sus neuronas.
Cuando abrió los ojos, se había teletransportado a otro lugar. Quizás, tenía poderes. Y... ¡quién sabe! Quizá se volvían más fuertes en el futuro... Pero, en cuanto se giró, la chispa de ilusión de sus ojos se esfumó. Se levantó y echó a correr. Allí estaba el hombre, con un arma blanca en la mano.

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