miércoles, 15 de abril de 2015

Vivo en una nube

Vivo en una nube. Literalmente. No en el sentido figurado, no soy una soñadora. Bueno, al menos no muy a menudo. Algunas veces me imagino que bajo a la tierra, pero mis sueños son demasiado surrealistas.
Creo que es positivo empezar a contar mi vida con esta frase, porque sino no entenderías la situación en la que me encuentro.
Soy arrastrada por las corrientes de aire. Algunas veces me doy cuenta, otras no. Algunas de ellas me empujan hacia adelante, animándome a hacer cosas que antes no me atrevía a hacer. Otras sin embargo, me frenan cuando cojo demasiada velocidad. Hay algunas pocas que vigilan que ningún pájaro me atraviese, me advierten cuando me desvío del camino, y me controlan para que no ceda ante la presión de las demás corrientes. Los peores son los que primero me apoyan pero después me dan demasiada velocidad. Yo no me doy cuenta, ya que ellos me dicen que hago lo correcto. Este es uno de los grupos mayoritario, pero de vez en cuando conseguimos salvarlo hay algunas y guiarlas hacia el buen camino antes de que sea demasiado tarde.
Hay corrientes que marchan, que huyen, que se evaporan en un santiamén. ¿Los motivos? Suelen ser muy diversos: la presión, la necesidad, el deseo. Otros mueren, porque es envejecen o simplemente llega su hora, por mala suerte.
Yo en cambio, sigo aquí, observando como las estrellas discuten por motivos que prefiero no entender. Es verdad eso que dicen que la ignorancia es, bastantes veces, mejor que el conocimiento. Algunas veces me imagino que tengo la voz más fuerte y llamo para hacerme sentir. A mis sueños, me escuchan y dan cuenta de todos los errores que han cometido, y cambian su punto de vista sobre la forma en que organizan el cielo.
Quizás sí, que vivo en una nube. Pero esta vez en sentido figurado. Y espero no caer nunca.

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