Ayer, viendo un documental, tuve que apagar la televisión, para que mi consciencia dejara de estar intranquila.
El programa, hablaba de la historia de un perro de mi ciudad. Cuando lo encontraron, estaba deshidratado, casi muerto, con varias heridas, algunas de ellas infectadas. Pero lo que más asustó a los veterinarios fue que, siendo un cachorro, ya enseñaba los dientes con firmeza, y poseía una mirada fría, distante. Además, tenía mucho miedo, y eran incapaces de acercarse sin que el perro soltara un ladrido o los amenazara. Cuando le convencieron de que sólo querían ayudar, lo bautizaron
con el nombre de Thor.
Me sorprendió que este cachorro podría haber tenido una dulce sonrisa, como en los cuentos, unos ojos que encandilan o una suave piel. Pero el hecho de haber sido maltratado por su primer dueño marcó la vida del cachorro para siempre.
Aunque ahora ya no tiene secuelas físicas, seguro que no olvidará nunca lo que ha pasado.
Los animales no nos pertenecen, no tenemos ningún derecho a utilizarlos como pañuelos, que son de usar y tirar. Merecen todo el respeto del mundo, no son el juguete de un niño caprichoso, el cual cuando se cansa, se deshace de ella.
Atentamente
Un amante de los animales
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