sábado, 21 de marzo de 2015

Diferentes, sencillos... o sencillamente diferentes

Caminaba a paso ligero por los pasillos de su nuevo instituto, ya desierto. Cuando el timbre había sonado, todos los alumnos (des de primero hasta bachillerato) habían salido creando una estampida poco sigilosa. Giró a la derecha. Sonrió al ver que había escogido el camino correcto. Poco a poco se iba acostumbrando a aquel lugar. Segundos después, salió al exterior. Algo sorprendido al ver que todavía había gente en el patio, se acercó un grupo a de jóvenes los cuales, a simple vista, no tenían nada en común. Eran rubios, morenos o castaños, de ojos más claros u oscuros. Pero todos compartían un pensamiento: que estar juntos era siempre mejor qué separados. Y ellos eran el motivo por el que ese muchacho, todavía creía que no había nada imposible.

viernes, 13 de marzo de 2015

La huida de la pirámide


Kew corría por el pasillo, angustiado. Sabía que se estaba jugando la vida, adentrandose en aquel lugar. Pero eso le daba igual, en aquel momento le motivaban más las ganas de resolver el misterio que lo que le atemorizaba la muerte. Entonces, una cálida sensación le recorrió la espalda. No le hacia falta girar la cabeza para saber que era la mano de su amada, Lien, que era tan aventurera como él. Aún así, lo hizo lo suficiente para poder verla, corriendo a su lado. Tenía la cara bronceada por el Sol del desierto y su pelo largo y castaño le azotaba en la cara, aunque ella parecía no darse cuenta. Estas eran solo algunas de sus características con las que, años atrás, había cautivado el corazón a Kew. Ahora, aunque él seguía siendo joven, en su cabeza había nevado, tiñendo su cabello de color blanco y congelando su seriedad, la cual, poco a poco, fue desapareciendo.
Lien, al ver que su pareja acerelaba en ritmo, le imitó. Pese a que confiaba plenamente en él, se giró para intentar coopsar todos los detalles de aquello que les perseguía. De esta forma, después podría escribirlo en su diario con mayor cantidad de detalles. Pero, enseguida se arrepintió de haberlo hecho. Una gran roca se abalanzaba sobre ellos. Sintió un escalofrío al pensar que podía sucederles si la piedra les llegaba, siquiera, a rozar. Así que deseó, con todas sus fuerzas, que la adrenalina le corriera por las venas, para alcanzar la velocidad necesaria, ponerse a salvo, y después, reprender la aventura. Aún que estaban en una situación de riesgo, no pudo evitar pensar, que no envidiaba, ni siquiera un micrómetro, a otras embarazadas que estaban sentadas en sus sofás, esperando, quizás, a que sus criaturas les dieran alguna señal de vida.Ella lo estaba pasando mejor, mucho mejor.
Entonces, sintió que los ojos de Ken buscaban los suyos. Cruzaron una mirada rápida, que despertó muchos sentimientos en todo su ser. Pero no, no tenía tiempo para eso. Apretaron sus manos e izieron, a duras penas, un esprint final. Cuándo se plantaron delante de la puerta que les conducía a la siguiente prueba, quién sabe si la última, Kew, sin dudarlo, la abrió de un fuerte patadón.
Pero lo que encontaron allí, en la siguiente habitación, les sorprendió muchísimo. Cruzaron otra mirada, fugaz, pero en los ojos de ambos había un brillo especial que antes era invisible: una pequeña chispa de ilusión.


viernes, 6 de marzo de 2015

Sociedad futurista


Abandono sobre la cama el libro que, hacía escasos minutos, había empezado a ojear. Hablaba sobre algún tema aburrido que no recuerdo. Suspiro y me siento sobre la cama. Cuando exhalo aire, me imagino que soy un globo que se desinfla lentamente, como si la energía se me escapara por la boca.
A veces, solo tengo ganas de cerrar los ojos y fingir que no existo, que vivo en un mundo moteado por colores en el que la caja de Pandora no se llegó a abrir. Donde los pensamientos negativos son como los deseos: sólo se cumplen en sueños. Sé que es imposible, pero me hace sentir llena durante unos instantes.
Me levanto y doy vueltas por la habitación sin seguir una ruta determinada. Una idea recorre mi mente de forma fugaz, pero en seguida la rechazo. ¿Para que salir a la calle? No quiero ver lo mismo de cada día: una ciudad fantasmal con habitantes que caminan con la cabeza baja, como si no valiera la pena esforzarse para levantarla y observar, con unos ojos que resplandecen tristeza, su hogar deteriorado por el tiempo.Una lágrima me recorre la mejilla, aunque no se el motivo. Además, no es la primera vez que me pasa, ni será la última.
De nuevo recibo un estímulo, pero de este no me deshago. Me acerco a la ventana y la abro, sin hacer demasiado ruido. Me inclino y dejo que el aire me seque las lágrimas. Cierro los ojos y lleno los pulmones de oxigeno. Mi rostro se transforma en una especie de sonrisa y me gusta la sensación. Ojalá pudiera hacerlo de forma más regular.
Cuando abro los ojos y lo veo, me quedo alucinada. La niebla se ha ido. Soy libre, y el color ha vuelto a mi mente, llenándome, como un rayo de luz en la penumbra.