viernes, 6 de mayo de 2016

Escamas

Abro la puerta con dificultad. Estoy tan nervioso que la llave no entra en el paño. En parte porqué quiero verme, pero no quiero que me vea nadie. Parece un hecho egocéntrico, pero es necesario.
Cuando lo consigo, la cierro de un portazo y suelto sobre el sofá todos los objetos que llevaba encima. Me quito la camiseta por el pasillo, y me planto delante del espejo baño. No puedo evitar reprimir una exclamación ahogada. No puede ser verdad. No, no, no. Creía que solo existan en cuentos.
Paso la mano por encima de ellas, y veo que son duras como el diamante, de color plateado.  Agarro el lavabo hasta que los nudillos se me ponen blancos, sin apartar la mirada de mí mismo. Es… imposible. Seguramente, si las llevara otra persona, las encontraría especiales, incluso bellas. Pero siendo yo el portador no puedo evitar despreciarme. Me miro, y mi cara se transforma en una mueca de asco.
Me mojo la mano con agua y deslizo el líquido por la superficie, en un último intento de hacerlas desaparecer, borrarlas como si fueran pintura. No da resultado. La repelen, así que la siento ni fría ni caliente. La sensación me abruma, y me mareo. La franja se me expande por la cintura, y una parte del costado derecho.

De pronto, empieza el dolor de nuevo. Es como si me quemaran la piel. Observo atentamente como surge otra de la nada, está al lado del ombligo. Me pongo la camiseta, ocultando las escamas. Recojo la mochila y salgo a la calle. Se a donde tengo que ir, y ahora no hay vuelta atrás. 

viernes, 29 de abril de 2016

El alivio de los que deben ser fuertes

Acaricio la máscara con cuidado. Esta igual que siempre. Tiene unos ojos alegres, una sonrisa de medio lado y las mejillas algo sonrosadas. Cada vez que me la pongo, me evado de mis problemas. Cuando me la quito, vuelvo a la realidad. Y cada vez me acostumbro más a ella. La uso demasiado. Quitármela duele. Tengo la cara llena de cicatrices de arrancármela. Los bordes empiezan a estar desgastados, de la cantidad de detergente que uso para que siempre este apunto. Muchas veces me he planteado tirarla, no volver a usarla. Pero estoy aterrorizada. No, no soy valiente, jamás lo he sido. Prefiero ocultarme detrás de este antifaz a mostrarme. Ocultar las lágrimas detrás de una máscara es un alivio para los que deben ser fuertes.

lunes, 25 de abril de 2016

La sensación de venirse arriba

Esa sensación de venirse arriba. Se te eriza la piel, se dilatan tus pupilas. La mente se pone en blanco, y dejas de existir. Bailas al ritmo de la música, ríes al compás de los  demás o simplemente existes. Es un instante de felicidad difícil de alcanzar, y lo bueno pronto acaba. Es entonces cuando vuelves a la realidad, se rompe la burbuja en la que estabas inmerso y caes al suelo, provocándote un dolor que es más que físico. Tu cara se transforma en una mueca, y te levantas, pensando únicamente en ese instante. ¿Cuando volverá? Y sólo piensas en él, aunque solo lo has vivido unos segundos, como un pájaro enjaulado fantasea con la libertad.

viernes, 22 de abril de 2016

Último aliento de un guerrero

Oigo el móvil vibrar. Y créeme cuando te digo que estoy tirando de las cadenas que me atan hasta hacerme sangre por ir a por él y contártelo todo. Me preguntas si estoy bien, y yo te digo que sí, con un bozal en la boca. Me preguntas porque estoy roja y te digo que es por el sol, y no por la vergüenza siento al ver que no llevo nada dentro. Me preguntas porque abro la boca, y te digo que para hablar, y no para coger aire porque me ahogo. Me preguntas por que callo, y te digo que es para escucharte, no porque temo que se me salten las lágrimas. ¿Por qué me oculto detrás de la pared? ¿Por qué no rompo estas cadenas? ¿Por qué no le grito al infinito, y exhalo las últimas palabras de un guerrero?

domingo, 17 de abril de 2016

Me niego a aceptarlo

Me niego a aceptarlo.
No me imaginaba que acabaríamos aquí. Yo y mi conciencia, navegabamos por un océano con un barco hecho con papel de periódico. Nos hundimos, con nuestra autoestima y la cubierta llena de sueños. Adiós, le decimos a las horas del trabajo sin descanso plantadas delante de un ordenador con el diccionario en la mano, y un café en la mesilla, minutos de nuestra vida que quemamos en la hoguera. Aquellos instantes dónde no hacíamos más que oír risas y gritos al otro lado de la puerta, y nosotras luchábamos para hacernos lugar en aquella lista llena de estrellas. Y por eso me niego a aceptarlo. No puede ser que nuestra historia se acabe aquí. Pero así es. Aunque no quiera, tengo que aceptar que quizás no brillo suficiente.

sábado, 16 de abril de 2016

Saltar

Me dicen que corra. Y lo hago. Lo más rápido posible. Hasta que me duelen los pies. Hasta que veo el precipicio. Y no me lo pienso. Salto.
Al principio tengo miedo. Mucho miedo. De caer en el olvido, de romperme contra el suelo como una muñeca o de hacerme heridas que no pueda sanarme yo misma. Estoy aterrada. Pero a medida que avanzo metros, que el aire me despeina y  la sensación de libertad recorre cada célula de mi cuerpo, dejo atrás el temor y dejo la mente en blanco.
Y por fin me siento libre.

No sé qué habrá abajo. Ni como caeré, cuando, o dónde, pero la próxima vez que salte a por mis sueños, seguro que lo haré mejor. Si ya lo dicen, que la práctica hace al maestro. 

sábado, 9 de abril de 2016

Rota

Giro la cabeza y la veo.
Tiene el pelo rubio y la mirada perdida. Los ojos, claros, me llaman enseguida la atención. Normalmente están abiertos, y aunque ésta vez no tiene los párpados cerrados, su mirada esta perdida. Me preocupa, y creo que lo nota. Mueve con ligereza la cabeza, de forma que su pelo oculta su cara, como una cortina. 
Ese movimiento no impide que vea como sus ojos se llenan de lágrimas, y aunque parpadee con rapidez, es inútil: se derraman con velocidad, mojando sus mejillas, y mostrando por unos segundos lo rota que esta. Se pasa la mano por la cara con disimulo, y oculta la manga del jersey que ha quedado empapada. Su pecho se agita con rapidez, haciendo que sus hombros se contraigan. Cierra los ojos e inspira con fuerza, y parece que este gesto la evada de la realidad. Vuelve a abrirlos y la miro de nuevo. 
Es en ese instante en el que me doy cuenta. Estoy delante de un espejo, y me estoy mirando a mí misma.