martes, 24 de febrero de 2015

Su mayor miedo... ⊙▽⊙

Berta se agachó y, en un abrir y cerrar de ojos, se encontró a dos metros del punto donde había hecho sus últimos movimientos. Aunque había logrado esquivar ese ataque, sabía que aquello sólo era el principio del mal sueño que estaba viviendo. Posiblemente, por eso aún tenía los sentidos alerta y la piel de gallina. Pero tenía que hacerlo para poder salir de aquel agujero negro.
Como Berta estaba sumida en sus pensamientos, no vio a la persona que se acercaba a ella, a pesar de que la conocía muy bien. Cuando ésta le rozó el hombro, con la intención de hacerla volver a su mundo de una forma cálida; ella, con un rápido reflejo, le disparó una patada que casi lo tocó. Por suerte, se dio cuenta rápido de su error y únicamente le movió la cabellera.
- ¡Eloi! - Gritó ella mientras se lanzaba a sus brazos - perdona por el golpe ...
- No pasa nada, tranquila - dijo él, mientras le devolvía el abrazo - te echado de menos muchísimo!
- Y yo ... aunque que la distancia no ha roto nuestra amistad! Pero - añadió Berta - que haces aquí? A ti también te había descubierto el doctor Colum?
- ¿Así es como se llama aquel loco que me ha tenido dos días preso sin ver la luz del sol? - preguntó Eloi
- Si tenía el cabello largo y blanco, y llevaba una bata amarillenta ... sí - y añadió ella con una sonrisa - y aunque lo parece es muy inteligente. Ya ves que ha descubierto muchos agentes de la ONDAS (Organización Nacional de Espionaje Secreto).
- Si ... yo me limité a observar todos sus movimientos para saber en que estaba trabajando. Entonces, un día me descubrió, y para capturar me pasó por mi ante desprendiendo un somnífero. Me dormir, y ahora estoy aquí. Y como se lo hizo para capturar a tí? - preguntó Eloi con curiosidad.
Antes de que Berta pudiera contestar, una pregunta surgió en su cabeza: "¿cómo puedes desprender un gas tóxico que no te afecte?" Aquello sólo significaba que el doctor Colum tenía un gran presupuesto para inventar todos aquellos dispositivos tan sofisticados.
- A mí me pasó algo parecido, pero actué como un principiante
- Pues, que no vuelva a pasar! - Dijo mientras le hacía un guiño - a ver cómo le explicamos esto al jefe!
Aquello aún dejó más preocupada a Berta. ¡Eloi nunca había reaccionado así! Él era muy positivo, y siempre le ayudaba a mejorar dando ánimos. Hubiera sido más propio un "no pasa nada, tranquila ..."
- Por cierto - le preguntó Berta - a ti no te habían trasladado a Arabia?
- Sí, pero me han devuelto aquí. No me preguntes el motivo para que no lo se. Venga vamos el doctor nos descubrirá huyendo de su prisión.
Entonces, hubo un detalle que a Berta no se le pasó por alto: "¿cómo es que desde que Eloi está hablando conmigo se han desactivado todas las alarmas que hay para huir de aquí? "se preguntó. Berta empezó a sospechar algo, pero para asegurarse de que sus deducciones eran ciertas, le falta una
pregunta más.
- Eloi - dijo mientras la cogía por el brazo - recuerdas que yo te confesé, cuando éramos pequeños, mi miedo más grande?
Eloi movió la cabeza de arriba a abajo, con un gesto de afirmación
- Y no te habrás olvidado... ¿no? - prosiguió Berta - ¿Cuál era?
- De pequeña ... - dudó Eloi - ¿las arañas? Aunque ...
Berta no necesitó más palabras. Tenía los ojos llorosos debido a la rabia, por haber caído en la trampa de doctor, y porque se sentía estúpida por haber dejado que jugaran con sus sentimientos. Le disparó una patada al falso Eloi, construyendo por el doctor, y la cara del androide del Colum salió disparada unos metros allá. Incluso le dio lástima. Se parecía tanto a él ... Se secó con un movimiento las lágrimas de los ojos, y se metió a correr. Mientras lo hacía, comprendió que sus reflejos no lo habían fallado. Al principio sí que había atacado al robot ... pero su apariencia lo había engañado.
Por fin encontró la salida. Cuando empujó la puerta, con fuerza, sintió el ruido de los pies de los agentes contratados por el doctor persiguiendo, pero ya no le importaba. Había conseguido escapar.
Una vez fuera, cuando el sol le tocó la cara, cogió el móvil y el desbloqueó con prisa. Marcó el número del Eloi, y esperó impacientemente hasta que una voz respondió al teléfono. El corazón de Berta comenzó a latir más fuerte, y, de una forma instantánea recordó su gran temor: no volver a sentir nunca más aquella voz, la voz de Eloi.

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