domingo, 22 de febrero de 2015

~ Libre ~



Cierro los ojos e inspiro con fuerza. El olor de bosque me inunda las fosas nasales. Es tan relajante...
Me hallo en la cima de una montaña que he subido con muchísimo esfuerzo. Mi calzado nuevo se ha manchado con el barro, el aire me alborota el cabello. Abro los brazos y muevo ligeramente las piernas, colocándome en una posición que inspira alegría, una pizca de fragilidad, valor y tranquilidad, mucha tranquilidad. Es como si todo a mi alrededor se desvaneciera, se evaporara, como si en el mundo sólo existieran las montañas, las nubes de algodón, el silencio y la calma.
Es, en ese preciso instante de felicidad, cuando no soy consciente de donde estoy ni de porqué, en el que me siento sorprendentemente libre.

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