sábado, 14 de noviembre de 2015

El viaje de mi vida

Caminaba por la calle con un paso tranquilo. La mochila me pesaba mucho, debido a la cantidad de asignaturas que tuve que el día. Estaba nerviosa, no lo negaré. Solo faltan un par de días para que el viaje. Aún no le había propuesto a mi madre la idea, esperaba que no la descartara rápidamente, y que escuchara mis argumentos.
Quería ir en tren, principalmente, porque me sabía mal movilizar a mis padres para mis propios intereses. Claro, eso nunca lo admitiría delante suyo, mi orgullo no me lo permitiría. Además, es barato y cómo, y quería hacer las cosas por mí misma, sin tener que depender de nadie. Tenía 14 años y me creía capaz de todo. Los paisajes que vería durante el trayecto serían alucinantes, y es muy seguro. El mejor era que no contamina mucho, y para mi madre, que estaba inscrita en todas las protectoras de la zona y hacía voluntariado siempre que podía, era muy importante.
Por otra banda,  tendría que ser muy puntual y intentar cuadrar los horarios, ya que algunos tenían muy poca frecuencia... Además, no solían ser muy veloces los de bajo coste... ¿ Y si me sentaba al lado de alguien, el aspecto, o que hacía ruido constantemente? Al ver demasiadas preocupaciones, perdí el hilo de mis pensamientos antes de descartar a la idea.
Cuando me levante la cabeza para ver por dónde iba, el aire me clavo una bofetada. No sabía dónde estaba, o como había llegado allí. Estaba muy desorientada. Una lágrima de impotencia me resbala por la mejilla. Si no era capaz de llegar a mi casa, ¿cómo me dejarían coger un tren?
 En conclusión, coger un tren es mejor cuando uno es más mayor y es más... No mee di cuenta de que hablaba sola y en voz alta hasta qué un joven de mi edad se paró delante mío. Me miró, con unos ojos verdes hipnotizantes, y me tendió una mano para ayudarme. No sabía cómo había acabado en el suelo, pero se la cogí.
Y así nos conocimos. Algunos invitados lloran, mientras todos nos dan la enhorabuena por el compromiso. Y aquí comienza el viaje de mi vida, que sea en tren, coche o avión, será único.

viernes, 16 de octubre de 2015

Cómo un lobo

¿Con qué animal me identifico?
Posiblemente con un lobo. Del pelaje suave, liso. Puede parecer intimidante pero no lo es. Caza en grupo, y siente mejor, porque no es el centro de atención. Prefiere vivir en libertad, en un bosque, que en áreas más metropolitanas y cuando se siente solo llama a los suyos con un aullido a la luz de la luna. Le gusta correr, olvidarse de todo, evadirse. Sólo permite que le conozca de verdad los que están cerca de él, y aunque vaya con todos, solo se muestra unos pocos. Es diferente, en sus ojos hay ansia de libertad. Es más fuerte lo que parece, y aunque a aúlla mucho, lo hace por miedo, no por temor a la soledad.
Ha llegado un punto en el que no sabía si realmente si hablaba del lobo o había olvidado símiles con el animal...
Si le miras a los ojos no te apartara la vista, te ayuda bajo cualquier circunstancia. A través de ellos podrás ver lo que piensa, lo que ve, lo que siente, lo que vive. Parecerá que te estés mirando a ti mismo. Porque es un animal creado para dar, y que pocas veces recibes, pero él no le importa, no le importa. Porque para él, que tú recibas, es el mejor regalo que te puede hacer. Y pasarán los años, pero seguiré teniendo a mi lobo de dentro, que me ayude me protege siempre que puedo. Porque es una parte de mí, esencial cómo una pierna. Y eso no va a cambiar.

viernes, 9 de octubre de 2015

Qué nadie te diga...

Esto es mucho más que un simple proyecto personal. Es una forma de vida. Una creencia por la que estoy dispuesta arriesgarlo todo. Porque sí, puedo, quiero y lo necesito. Seas quién seas, gracias por leerlo y comprenderlo. Espero que tú recibas el apoyo que necesites para alcanzar tus metas. Yo lo he recibido, y ese es el mío propio. Que nadie te diga cómo, cuándo, con quién o dónde tienes que encontrar tu sueño. Porque tú no tienes que buscar, si no crearlo por ti mismo. Entonces será tu sueño y no el de otra persona. Qué nadie te diga lo que puedes o no hacer. Con estas filosofía conseguirás todo lo que te propongas. Mucha suerte, 

Lua

domingo, 4 de octubre de 2015

Sonreír, solo y sin motivo

Tranquilidad. Me tumbo en el sofá y respiro aire profundamente. Esta semana han pan pasado muchas cosas. Pierdo el hilo de mis pensamientos mientras dejo escapar el aire con lentitud. Estar al aire libre me ha relajado mucho. El propósito de estas líneas no es contar algo, o explicar el motivo de algún hecho. Es mucho más simple: creo que cuando relea esto, lo haré con una sonrisa. Y para mí, eso es lo más importante.

Símil de la felicidad

Confusa. Con esa palabra puedo describir cómo me siento hoy, al finalizar la semana. Es cómo un deja vu. Los mismos problemas, preocupaciones, y movimientos de siempre, Las mismas palabras, gestos. Pero con una diferencia: ahora se que no estoy sola, que nunca lo he estado. Miré hacia dónde mire siempre está. No es sólo una personas, sino una fuerza creada a base de risas, lágrimas, mucho esfuerzo y cariño. Ahora lo entiendo todo. Esto es un símil de la felicidad. Siempre está ahí, pero hay que saber verla. Me recuerda a esperanza y a cielos despejados, que en realidad, nunca he visto.

martes, 21 de julio de 2015

El sonido de una gota - Cuento de terror

La noche es fría y la sangre se me hiela en las venas. Estoy en mi casa, acompañada de mi fiel gato Rif y de una soledad a la que no estoy acostumbrada. En el salón, húmedo, reina el silencio. Llamaría a alguien para ver una película, pero vivo lejos de la ciudad y aquí no hay cobertura.
Entonces, lo oigo. El sonido de una gota al caer. Voy a la cocina y al baño para asegurarme de que todos los grifos están bien cerrados. Así es. Solo me falta uno por comprobar. El del baño del segundo piso. No puedo encender la luz, ya que, por culpa de una sobre carga, se fundió la bombilla del pasillo. Por suerte, los rayos de luna se filtran por las ventanas e iluminan levemente la casa.
Camino lentamente por el pasillo, agudizando el oído, pero tan solo oigo silencio. Silencio, el continuo latido de mi corazón, y el continuo sonido que provoca una gota al caer. Tengo la piel de gallina. Llamo a Rif, pero no viene. Miro la hora. Ya es tarde, estará durmiendo. Subo cada escalón de uno en uno. El sonido que provocan mis pies al rozar la dura madera me provoca escalofríos. Ya falta menos, pienso para animarme.
Después de unos minutos que parecen horas, llego a mi destino. El baño, que está al fondo del pasillo, no desprende ninguna luz extraña. Eso me tranquiliza levemente. De nuevo, inicio mi marcha, y cuando toco el pomo de la puerta, un escalofrío me recorre la columna. Me seco la gota de sudor que corría por mi mejilla desde hacia unos segundos. Todo aparenta una alarmante normalidad.
Empujo la puerta suavemente y esta se abre con un chirrido. Miro la pica y suspiro, aliviada. El grifo esta mal cerrado. Cuando mi piel entra en contacto con el frío metal, hago una extraña mueca porque noto que algo pringoso lo recubre. Aparto la mano y extiendo la textura por mis dedos. Por la manca de luz, mis ojos no logran adaptarse a la oscuridad y no puedo distinguir que estoy tocando.
En ese instante, lo vuelvo a oír. De nuevo una gota. Y otra. Y otra. Mis neuronas dejan de pensar y me congelo. Me quedo inmóvil. Mi corazón late desesperadamente. Recibo el impulso de levantar la cabeza. Entonces lo veo. Rif, está colgado del techo con una horrible mueca. Muerto. Una gota de su sangre me cae en la cara. Y no puedo evitarlo: mi grito agudo desgarra el silencio.


domingo, 14 de junio de 2015

Estrés

Camino con un paso ligero por la calle desierta, tengo ganes de llegar a casa, poner música y teletransportarme a otro lugar. Huir es de cobardes, me decía siempre. Pues, quizá si que soy cobarde. Pero prefiero serlo antes que seguir sintiendo esta agonía. Es como un humo negro que se expande por mis pulmones y no me de ja respirar. Me agobia. Me cierra. Me supera. Y sí, se que dentro de un tiempo se me pasara. Piensa en el futuro, me aconsejaba. Cuando seas mayor y mires hacía atrás, verás un Hermoso camino que has plantado día a día. Sí, pero ¿a que precio? No te puedes quejar, me insistía. Y a tu edad no era tan afortunada.

Lo sé. Tengo todo lo que necesito para vivir. Pero también tengo estrés, soledad, presión. Ambas cosas van cogidas de la mano, pero yo puedo escoger cual lleva el rumbo de mi vida. Este es le camino que he escogido. Y espero no haberme equivocado.