martes, 21 de julio de 2015

El sonido de una gota - Cuento de terror

La noche es fría y la sangre se me hiela en las venas. Estoy en mi casa, acompañada de mi fiel gato Rif y de una soledad a la que no estoy acostumbrada. En el salón, húmedo, reina el silencio. Llamaría a alguien para ver una película, pero vivo lejos de la ciudad y aquí no hay cobertura.
Entonces, lo oigo. El sonido de una gota al caer. Voy a la cocina y al baño para asegurarme de que todos los grifos están bien cerrados. Así es. Solo me falta uno por comprobar. El del baño del segundo piso. No puedo encender la luz, ya que, por culpa de una sobre carga, se fundió la bombilla del pasillo. Por suerte, los rayos de luna se filtran por las ventanas e iluminan levemente la casa.
Camino lentamente por el pasillo, agudizando el oído, pero tan solo oigo silencio. Silencio, el continuo latido de mi corazón, y el continuo sonido que provoca una gota al caer. Tengo la piel de gallina. Llamo a Rif, pero no viene. Miro la hora. Ya es tarde, estará durmiendo. Subo cada escalón de uno en uno. El sonido que provocan mis pies al rozar la dura madera me provoca escalofríos. Ya falta menos, pienso para animarme.
Después de unos minutos que parecen horas, llego a mi destino. El baño, que está al fondo del pasillo, no desprende ninguna luz extraña. Eso me tranquiliza levemente. De nuevo, inicio mi marcha, y cuando toco el pomo de la puerta, un escalofrío me recorre la columna. Me seco la gota de sudor que corría por mi mejilla desde hacia unos segundos. Todo aparenta una alarmante normalidad.
Empujo la puerta suavemente y esta se abre con un chirrido. Miro la pica y suspiro, aliviada. El grifo esta mal cerrado. Cuando mi piel entra en contacto con el frío metal, hago una extraña mueca porque noto que algo pringoso lo recubre. Aparto la mano y extiendo la textura por mis dedos. Por la manca de luz, mis ojos no logran adaptarse a la oscuridad y no puedo distinguir que estoy tocando.
En ese instante, lo vuelvo a oír. De nuevo una gota. Y otra. Y otra. Mis neuronas dejan de pensar y me congelo. Me quedo inmóvil. Mi corazón late desesperadamente. Recibo el impulso de levantar la cabeza. Entonces lo veo. Rif, está colgado del techo con una horrible mueca. Muerto. Una gota de su sangre me cae en la cara. Y no puedo evitarlo: mi grito agudo desgarra el silencio.


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