domingo, 19 de junio de 2016
La tranquilidad del mar
viernes, 10 de junio de 2016
Llorar
Créeme, ahora mismo sólo tengo ganas de ponerme el posición fetal, hacerme una bolita, y llorar. Hasta que se me sequen las lágrimas. Hasta que me ahogue por culpa del llanto. Hasta que saque de dentro todo este dolor, este malestar. Hasta que necesite parar. Hasta que no pueda más. Hasta que me rompa.
Yo sé que te prometí no hacerlo. También te dije que no llevaría más la máscara que oculta mis sentimientos. Pero lo necesito.
Porque para mí es una terapia: unos fuman, otros beben. Yo lloro. Y quién quiera decirme que es de cobardes, que lo haga. Ya lo sé.
lunes, 6 de junio de 2016
Querida abuela
No sé cómo lo hacías, pero siempre llevabas una sonrisa en la cara. Una sincera, de esas que te llegan al corazón, y cuando me la mostrabas, dos hoyuelos se te dibujaban en la cara, dándote un aspecto infantil.
Se notaba que la vida había pasado por ti: las arrugas, la la pierna con la que coge hagas, por las manchas del mismo delantal, que llevabas cuando mamá era pequeña. Pero tú también marcaste la historia: fuiste madre, hija y nieta, pero sobretodo, una luchadora. Tu vida no fue fácil, pero tú te esforzaste al máximo, intentando dando lo mejor de ti.
Y lo conseguiste.
Yo no entendía porque siempre llevabas el mismo bastón. Porqué bajabas al huerto, si tenías un supermercado cinco minutos de casa. Porqué llamabas en lugar de usar las aplicaciones de tu móvil de última generación. Y es curioso como para tantas preguntas, haya una misma respuesta.
Abuela, tú eres el vínculo que nos unía. Y ahora, más que nunca, tenemos que ser piezas de un mismo rompecabezas. No necesitabas los objetos más modernos, porque tu, eras novedad. Todas las sonrisas y palabras eran exclusivas, todos los consejos y abrazados eran innovadoras.
Gracias por hacerme crecer. Y por enseñarme que la novedad vive en nuestro interior. Que solo tenemos que ser suficientemente valientes para descubrirla. Estés donde estés, no olvides que te quiero.
Con afecto,
Tu nieta.
Y lo conseguiste.
Yo no entendía porque siempre llevabas el mismo bastón. Porqué bajabas al huerto, si tenías un supermercado cinco minutos de casa. Porqué llamabas en lugar de usar las aplicaciones de tu móvil de última generación. Y es curioso como para tantas preguntas, haya una misma respuesta.
Abuela, tú eres el vínculo que nos unía. Y ahora, más que nunca, tenemos que ser piezas de un mismo rompecabezas. No necesitabas los objetos más modernos, porque tu, eras novedad. Todas las sonrisas y palabras eran exclusivas, todos los consejos y abrazados eran innovadoras.
Gracias por hacerme crecer. Y por enseñarme que la novedad vive en nuestro interior. Que solo tenemos que ser suficientemente valientes para descubrirla. Estés donde estés, no olvides que te quiero.
Con afecto,
Tu nieta.
Me seco una lágrima y el conjunto de personas que me rodea, vestidas de negro, me aplaude.
viernes, 3 de junio de 2016
Los cascos
Por eso, cuando voy por a calle y la gente no se inmuta, no puedo aguantarme las ganas.
Me pongo los cascos y me cierro en mi burbuja particular. En cuanto la música invade mis oídos, el mundo a mi alrededor desaparece. Sé que no debería hacerlo con tanta frecuencia, pero es una sensación que adoro. Aunque solo sea por unos segundos, todo esta bien. Me evado de mis problemas, de la realidad. Solo soy un alma más, soy indestructible, eterna.
Pero de repente choco con la realidad. Alguien ha desenchufado mis auriculares. Ella está delante mío. Siempre lo ha estado. Me sonríe, me abraza, y rompe la coraza con la que me protegía. Hundo la cara en su hombro y lloro, como la niña que soy, que todavía es demasiado pequeña para dejar atrás los cuentos de hadas.
jueves, 26 de mayo de 2016
Una muñeca
Era de ojos claros, aunque de mirada perdida. Su cabello, siempre recogido, se le rizaba en las puntas, como en un acto de rebeldía. Cuando había viento, su bufanda ondeaba, intentando alcanzar una libertad que jamás conseguiría. Su piel, blanca, y su figura, menuda, le daban un aspecto sencillo e incluso débil, frágil. Como una muñeca de porcelana. Como si pudieran tumbarla de un solo golpe, hacerla estallar en mil pedazos.
Al principio, creía que era cierto. Que era destructible, que podía romperse con facilidad. Que si fallaba, un punto blanco se marcaría en su piel y insistía en que las voces que oía en su cabeza le decían lo correcto. Que sólo era una más, que adornaba muy bien la estantería.
Hasta que se cansó. Se quitó el vestido, se puso unos pantalones bien cómodos y se fue en busca de aventuras.
Si me caigo, que sea por mi propio pie. Y si me rompo, que haya valido la pena.
Al principio, creía que era cierto. Que era destructible, que podía romperse con facilidad. Que si fallaba, un punto blanco se marcaría en su piel y insistía en que las voces que oía en su cabeza le decían lo correcto. Que sólo era una más, que adornaba muy bien la estantería.
Hasta que se cansó. Se quitó el vestido, se puso unos pantalones bien cómodos y se fue en busca de aventuras.
Si me caigo, que sea por mi propio pie. Y si me rompo, que haya valido la pena.
viernes, 20 de mayo de 2016
La llama que llevo dentro
Cuando todo te cae encima,
Así, de forma gratuita,
Sin haberlo solicitado,
Ni siquiera, haberlo intentado.
No le pedí al cielo gustarte,
Pero tu dices que te enamoraste.
¿Que, te lo pasas bien guerrero?
Veo que en destruir le echas esmero..
Viniste, y te declaraste,
Y has hecho, de todo un desastre.
¿Como te miro mañana a los ojos?
¿Si en los míos, solo hay enojo?
Si la llama que llevo dentro es una hoguera,
Que se aviva sola, y me hace sentir llena.
Que aunque la escondo, se ve por mi piel.
Vigila, que corta como el papel.
No te acerques o te quemarás,
Yo ya te advertí, no me hieras jamás.
viernes, 6 de mayo de 2016
Escamas
Cuando lo consigo, la cierro de un portazo y suelto sobre el sofá todos los
objetos que llevaba encima. Me quito la camiseta por el pasillo, y me planto
delante del espejo baño. No puedo evitar reprimir una exclamación ahogada. No
puede ser verdad. No, no, no. Creía que solo existan en cuentos.
Paso la mano por encima de ellas, y veo que son duras como el diamante, de
color plateado. Agarro el lavabo hasta
que los nudillos se me ponen blancos, sin apartar la mirada de mí mismo. Es…
imposible. Seguramente, si las llevara otra persona, las encontraría
especiales, incluso bellas. Pero siendo yo el portador no puedo evitar
despreciarme. Me miro, y mi cara se transforma en una mueca de asco.
Me mojo la mano con agua y deslizo el líquido por la superficie, en un
último intento de hacerlas desaparecer, borrarlas como si fueran pintura. No da
resultado. La repelen, así que la siento ni fría ni caliente. La sensación me
abruma, y me mareo. La franja se me expande por la cintura, y una parte del
costado derecho.
De pronto, empieza el dolor de nuevo. Es como si me quemaran la piel.
Observo atentamente como surge otra de la nada, está al lado del ombligo. Me
pongo la camiseta, ocultando las escamas. Recojo la mochila y salgo a la calle.
Se a donde tengo que ir, y ahora no hay vuelta atrás.
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