viernes, 22 de abril de 2016
Último aliento de un guerrero
domingo, 17 de abril de 2016
Me niego a aceptarlo
Me niego a aceptarlo.No me imaginaba que acabaríamos aquí. Yo y mi conciencia, navegabamos por un océano con un barco hecho con papel de periódico. Nos hundimos, con nuestra autoestima y la cubierta llena de sueños. Adiós, le decimos a las horas del trabajo sin descanso plantadas delante de un ordenador con el diccionario en la mano, y un café en la mesilla, minutos de nuestra vida que quemamos en la hoguera. Aquellos instantes dónde no hacíamos más que oír risas y gritos al otro lado de la puerta, y nosotras luchábamos para hacernos lugar en aquella lista llena de estrellas. Y por eso me niego a aceptarlo. No puede ser que nuestra historia se acabe aquí. Pero así es. Aunque no quiera, tengo que aceptar que quizás no brillo suficiente.
sábado, 16 de abril de 2016
Saltar
Me dicen que corra. Y lo
hago. Lo más rápido posible. Hasta que me duelen los pies. Hasta que veo el
precipicio. Y no me lo pienso. Salto. sábado, 9 de abril de 2016
Rota
lunes, 14 de marzo de 2016
El agua helada
Entrecerrando los ojos, comienzo a entonar las notas de una canción. Y me siento ... libre. Canto más, y más fuerte. Y aunque no ha hago muy bien, inicio una danza ridícula que tiene como objetivo recalcarme lo que está pasando: estoy consiguiendo la libertad, haciendo lo que quiero por primera vez en 15 años, sin la presión de mis compañeras y sintiéndome una persona llena, única.
lunes, 25 de enero de 2016
La playa en invierno
Me siento en la arena. Es una sensación extraña. Cierro los ojos y oigo como las olas rompen en mis pies. Es un sonido que me relaja. Inspiro y recibo una olor que me recuerda al sol, a la felicidad. Al verano. Es curioso cómo la gente se acostumbra a no apreciar la belleza de la playa en invierno.
A los pocos minutos, abro los ojos y observo el paisaje desierto. La nieve se mezcla con la arena y crea unas constelaciones extrañas. Aunque es de noche, y hace mucho frío, me siento sorprendentemente reconfortada. El mar me acoge como una madre, con los brazos abiertos hacia mí. Es de un azul profundo, y al final de todo un queso redondo vigila el cielo. Es un punto de luz dentro de la oscuridad. Como yo.
Me levanto y corro hacia el agua. Está fría, pero este acostumbrada. Mi corazón se acelera, y en la boca noto un sabor salado, casi metálico. Me estiro dejándome llevar, como aún cosa inerte. Y paso horas allí, en invierno en la playa, acompañada de mi soledad.