lunes, 25 de enero de 2016

La playa en invierno

Me siento en la arena. Es una sensación extraña. Cierro los ojos y oigo como las olas rompen en mis pies. Es un sonido que me relaja. Inspiro y recibo una olor que me recuerda al sol, a la felicidad. Al verano. Es curioso cómo la gente se acostumbra a no apreciar la belleza de la playa en invierno.
A los pocos minutos, abro los ojos y observo el paisaje desierto. La nieve se mezcla con la arena y crea unas constelaciones extrañas. Aunque es de noche, y hace mucho frío, me siento sorprendentemente reconfortada. El mar me acoge como una madre, con los brazos abiertos hacia mí. Es de un azul profundo, y al final de todo un queso redondo vigila el cielo. Es un punto de luz dentro de la oscuridad. Como yo.
Me levanto y corro hacia el agua. Está fría, pero este acostumbrada. Mi corazón se acelera, y en la boca noto un sabor salado, casi metálico. Me estiro dejándome llevar, como aún cosa inerte. Y paso horas allí, en invierno en la playa, acompañada de mi soledad.

jueves, 21 de enero de 2016

Solo palabras


SOLO PALABRAS

Leo,
Y solo palabras veo,
Canto,
Y solo palabras agiganto,
Hablo,
Y solo palabras exclamo,
Grito, 
Y solo palabras lanzo al infinito,
Quiero, 
Y solo son palabras, el último aliento de un guerrero,
Sueño,
Y solo con palabras de la realidad me alueño,
Pinto, 
Y solo son palabras desde un punto de vista distinto,
Escribo,
Solo palabras sin sentido...
Vivo,
Y solo son palabras.

sábado, 14 de noviembre de 2015

El viaje de mi vida

Caminaba por la calle con un paso tranquilo. La mochila me pesaba mucho, debido a la cantidad de asignaturas que tuve que el día. Estaba nerviosa, no lo negaré. Solo faltan un par de días para que el viaje. Aún no le había propuesto a mi madre la idea, esperaba que no la descartara rápidamente, y que escuchara mis argumentos.
Quería ir en tren, principalmente, porque me sabía mal movilizar a mis padres para mis propios intereses. Claro, eso nunca lo admitiría delante suyo, mi orgullo no me lo permitiría. Además, es barato y cómo, y quería hacer las cosas por mí misma, sin tener que depender de nadie. Tenía 14 años y me creía capaz de todo. Los paisajes que vería durante el trayecto serían alucinantes, y es muy seguro. El mejor era que no contamina mucho, y para mi madre, que estaba inscrita en todas las protectoras de la zona y hacía voluntariado siempre que podía, era muy importante.
Por otra banda,  tendría que ser muy puntual y intentar cuadrar los horarios, ya que algunos tenían muy poca frecuencia... Además, no solían ser muy veloces los de bajo coste... ¿ Y si me sentaba al lado de alguien, el aspecto, o que hacía ruido constantemente? Al ver demasiadas preocupaciones, perdí el hilo de mis pensamientos antes de descartar a la idea.
Cuando me levante la cabeza para ver por dónde iba, el aire me clavo una bofetada. No sabía dónde estaba, o como había llegado allí. Estaba muy desorientada. Una lágrima de impotencia me resbala por la mejilla. Si no era capaz de llegar a mi casa, ¿cómo me dejarían coger un tren?
 En conclusión, coger un tren es mejor cuando uno es más mayor y es más... No mee di cuenta de que hablaba sola y en voz alta hasta qué un joven de mi edad se paró delante mío. Me miró, con unos ojos verdes hipnotizantes, y me tendió una mano para ayudarme. No sabía cómo había acabado en el suelo, pero se la cogí.
Y así nos conocimos. Algunos invitados lloran, mientras todos nos dan la enhorabuena por el compromiso. Y aquí comienza el viaje de mi vida, que sea en tren, coche o avión, será único.

viernes, 16 de octubre de 2015

Cómo un lobo

¿Con qué animal me identifico?
Posiblemente con un lobo. Del pelaje suave, liso. Puede parecer intimidante pero no lo es. Caza en grupo, y siente mejor, porque no es el centro de atención. Prefiere vivir en libertad, en un bosque, que en áreas más metropolitanas y cuando se siente solo llama a los suyos con un aullido a la luz de la luna. Le gusta correr, olvidarse de todo, evadirse. Sólo permite que le conozca de verdad los que están cerca de él, y aunque vaya con todos, solo se muestra unos pocos. Es diferente, en sus ojos hay ansia de libertad. Es más fuerte lo que parece, y aunque a aúlla mucho, lo hace por miedo, no por temor a la soledad.
Ha llegado un punto en el que no sabía si realmente si hablaba del lobo o había olvidado símiles con el animal...
Si le miras a los ojos no te apartara la vista, te ayuda bajo cualquier circunstancia. A través de ellos podrás ver lo que piensa, lo que ve, lo que siente, lo que vive. Parecerá que te estés mirando a ti mismo. Porque es un animal creado para dar, y que pocas veces recibes, pero él no le importa, no le importa. Porque para él, que tú recibas, es el mejor regalo que te puede hacer. Y pasarán los años, pero seguiré teniendo a mi lobo de dentro, que me ayude me protege siempre que puedo. Porque es una parte de mí, esencial cómo una pierna. Y eso no va a cambiar.

viernes, 9 de octubre de 2015

Qué nadie te diga...

Esto es mucho más que un simple proyecto personal. Es una forma de vida. Una creencia por la que estoy dispuesta arriesgarlo todo. Porque sí, puedo, quiero y lo necesito. Seas quién seas, gracias por leerlo y comprenderlo. Espero que tú recibas el apoyo que necesites para alcanzar tus metas. Yo lo he recibido, y ese es el mío propio. Que nadie te diga cómo, cuándo, con quién o dónde tienes que encontrar tu sueño. Porque tú no tienes que buscar, si no crearlo por ti mismo. Entonces será tu sueño y no el de otra persona. Qué nadie te diga lo que puedes o no hacer. Con estas filosofía conseguirás todo lo que te propongas. Mucha suerte, 

Lua

domingo, 4 de octubre de 2015

Sonreír, solo y sin motivo

Tranquilidad. Me tumbo en el sofá y respiro aire profundamente. Esta semana han pan pasado muchas cosas. Pierdo el hilo de mis pensamientos mientras dejo escapar el aire con lentitud. Estar al aire libre me ha relajado mucho. El propósito de estas líneas no es contar algo, o explicar el motivo de algún hecho. Es mucho más simple: creo que cuando relea esto, lo haré con una sonrisa. Y para mí, eso es lo más importante.

Símil de la felicidad

Confusa. Con esa palabra puedo describir cómo me siento hoy, al finalizar la semana. Es cómo un deja vu. Los mismos problemas, preocupaciones, y movimientos de siempre, Las mismas palabras, gestos. Pero con una diferencia: ahora se que no estoy sola, que nunca lo he estado. Miré hacia dónde mire siempre está. No es sólo una personas, sino una fuerza creada a base de risas, lágrimas, mucho esfuerzo y cariño. Ahora lo entiendo todo. Esto es un símil de la felicidad. Siempre está ahí, pero hay que saber verla. Me recuerda a esperanza y a cielos despejados, que en realidad, nunca he visto.